domingo, 2 de noviembre de 2008

EL DIA DE LOS MUERTOS EN LATINOAMÉRICA

Sucede que en Latinomérica la muerte no es exactamente la desaparición definitiva de la persona querida. Es su traslado a un estado diferente desde donde, algunas veces, se puede dar pequeñas escapadas hacia este lado. A pesar de que las nuevas generaciones buscan insertarse en una cultura más uniforme y contemporánea que no arrastre tantos lazos con la urdimbre de costumbrismos amerindios, ceremonias como la del Día de los muertos están fuertemente enlazadas en la cultura latina de estos tiempos.
Alguien me explicó que era normal que los jóvenes latinos, en un principio, sean un tanto irreverentes ante antes estos rituales porque su lista de muertos estaba en blanco; pero que, inevitablemente, conforme pasaran los años, esa lista se tenía que incrementar hasta que los recuerdos con los muertos sean más intensos que su encuentro con los vivos. Eso aseguraba la trascendencia de costumbres como el Día de los muertos.
Seguro que sí. Por lo menos en mi caso, el sábado estuve entre los muchos que con flores en la mano estuvo de visita en uno de los cementerios de Lima. No llevé la música con la que mis vecinos le decían a su difunto padre que no lo olvidaban. Tampoco llevé los panes dulces, que otros tuvieron el tino de llevar, para que la abuela que descansaba desde hacía cinco años no olvidara los sabores de la vida. Fui muy descuidado porque no se me ocurrió llevar algunas fotos de la familia (la que no había podido llegar) para que mi madre pudiera estar al día con el árbol genealógico de la parentela. Solo llevé flores que palidecieron ante los hermosos arreglos que mejores hijos, hermanos y demás parientes llevaban a sus muertos. Sin embargo, no se me ocurrió ponerme triste porque - en eso – mi madre había sido explicita en su arremolinada vida y había dejado órdenes de que a nadie se le ocurriera la insensatez de llorarla demasiado porque eso hacía difícil el camino en el más allá. Ah, mamá, esas cosas que decías y que de niño me traían alucinado con la línea delgada entre la vida y la muerte.
Ahora que escribo este post, domingo por la noche, un poco cansado y algo abrumado por la nostalgia de la vida, busco algunos enlaces en donde se hable de cómo se celebra dicho día en otros países de esta América sobreviviente. Entonces me entero de que en MÉXICO, la gente va al camposanto en la noche y adorna las tumbas, principalmente usando una flor naranja llamada xempazuchitl y que en las casas se hace un altar en honor a los parientes difuntos, en los que se colocan fotos de ellos, alimentos y bebidas para que el difunto en la noche venga a recordar esos gustos de su vida mundana.
En GUATEMALA se tiene la creencia de que las ánimas benditas salen de los cementerios y aparecen en algunos lugares. Muchos dejan los altares caseros con un vaso de agua, una veladora y una fotografía del difunto. Por ello, desde días antes de la festividad, muchos decoran las tumbas o las limpian. En Guatemala hay una flor de muerto, de color amarillo, que sólo florece en esta época.
NICARAGUA festeja en el cementerio y por la noche, algo que a simple vista parece terrorífico y por lo que muy pocas personas en el mundo están dispuestas a pasar. Sin embargo los nicaragüenses elijen esta forma para honrar a sus difuntos: pasan una noche con ellos. Van al panteón en la noche y se duermen al lado de las tumbas de sus familiares.
Para COLOMBIA el día de los difuntos se celebra con una visita en familia a las tumbas de sus seres queridos. La noche anterior la gente se dirige a los cementerios en forma masiva, llevando fiambres, flores, utensilios de jardinería para limpiar las tumbas y de esa manera esperan pasar la noche completa con sus parientes.
En ECUADOR la cosa es una verdadera fiesta. Las familias se reúnen alrededor de una comida tradicional: guaguas de pan acompañadas con la colada morada, una bebida hecha a base de maíz violeta, de moras y de otras frutas. Algunas comunidades indígenas celebran aún un antiguo rito, el encuentro con el fiel difunto durante una comida sobre su tumba. Según la creencia, el muerto vuelve cada año, entonces hay que prepararle sus platos preferidos.
Mientras que en BOLIVIA hay una mezcla peculiar de sincretismo cultural que mezcla ritos y supersticiones católicas e indígenas, con la comercial celebración de "halloween", importada recientemente de Estados Unidos. Desde casi una semana antes del 1 de noviembre, en las calles se empieza a respirar la importancia de la celebración, con las inevitables calabazas en los barrios más ricos de la región y puestos ambulantes vendiendo "tantaguaguas". Las "tantaguaguas" son panes cargados de simbología que, con forma de animalitos o personas y adornados con caretas o cualquier otro motivo, representan a los seres queridos ya fallecidos. El día de difuntos, los indígenas bolivianos almuerzan junto a un altar en el que no falta la coca, las frutas y el alcohol, ni las comidas favoritas de los familiares desaparecidos, cuyas almas presentes son representadas por las "tantaguaguas" y una fotografía.
Dejo de escribir esta nota porque estoy cansado y, además, siento que debo salir a dar una vuelta porque desde hace rato siento que no estoy solo en esta habitación y que somos demasiados muertos y vivos para pasarla en una cuarto tan chico.
Las fotos han sido tomadas de Latino sms
Video anotado por un lector, gracias:

4 comentarios:

David dijo...

Tengo un Video de Dia De Los Muertos en San Diego desfruta.

Anónimo dijo...

America Latina tiene una riqueza cultural que no deberia perderse, escribidor. Buena tu nota, pero pienso que tendrias que haber anotado la visión de la vida y la muerte desde la perspectiva interna, y no como una nota turistica.
Sin embargo, me alegro que al menos se escriba de estos temas

Anónimo dijo...

Más miedo a lo vivos!!!!!!

Olga dijo...

Acabo de compartir con amigos hermanos de México la noticia de un homenaje que nos une: no mencionaré su nombre, pero a un ser muy querido, ser humano excepcional del ámbito universitario fallecido hace dieciseis años...lo homenajearon con un altar de muertos. Me cabe desde otro país lejano geográfico a la tradición, decirles que esta dignificación me toca en lo más hondo y me sumo desde mi sensibilidad y memoria a este acto honorable...con un especial toque de magia. Como el lo fue. Olga, Uruuay