martes, 6 de octubre de 2009

GRACIAS, MERCEDES SOSA


Aun cuando coloco tarde este post, me auno a todos los que lamentan el fallecimiento de Mercedes Sosa. Encuentro en el blog de mi apreciada amiga, Martha Isarra, unas conmovidas líneas sobre la cantautora así como una breve reflexión sobre una época en donde la poesía y la música parecieron haberse fundido con el quehacer político y social. Una época en donde la más tierna utopía de la igualdad social pareció, brevemente, posible. ¡Cuánto ha cambiado todo! ¡Descanse en paz, Mercedes Sosa!

EMPEZANDO A EXTRAÑAR A MERCEDES SOSA

Cantante es el que puede y cantor es aquel que canta por que debe hacerlo. En esta ya clásica distinción de Facundo Cabral hallamos la razón de Mercedes Sosa por autodenominarse “Cantora”. El pueblo argentino la llamó “La negra” y hubo una generación que coreó sus canciones como verdaderas banderas de inflamadas utopías colectivas. Su voz era muy de tierra, humana y rotunda. Su estilo limpio de poses y artilugios. Acaba de fallecer y ya la extrañamos a cántaros. Parte de ese extrañar tiene que ver con la despedida del mundo que conocimos cuando fuimos jóvenes. Cómo van partiendo nuestros amigos, desapareciendo nuestros modestos cafecitos de tertulia universitaria, cómo se van nuestros referentes culturales y esa forma obstinadamente ingenua de creer que la paz y la equidad llegarán a ser aspiraciones universales. Cuando muere alguien como Mercedes Sosa, uno extraña el canto subjetivo en las pequeñas declinaciones cotidianas. Cómo no ponerse triste por todo eso. Cómo dejar de hacerlo.

Por otro lado, Miguel Sánchez Flores, en el diarioPerú 21 escribe:

Para nosotros los latinoamericanos Mercedes Sosa es una parada obligatoria, parte de nuestra historia (triste y feliz). El imaginario ha adjudicado canciones enormes a La Negra. Por ejemplo, Gracias a la vida, canto que seguro hoy se reproduce a mil, es una composición original de la chilena Violeta Parra. Nosotros, sin embargo, se la hemos regalado. Seguramente, la figura de Mercedes Sosa, enfundada en sus enormes ponchos y sobretodo su enorme corazón seguirán latiendo y sobre todo cantando, cantando al sol como la cigarra, como único consuelo para nosotros.

El video, obviamente, recogido de You Tube

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