viernes, 20 de febrero de 2009

Terminé de leer El diluvio

La desesperación de la modernidad

Antes de leer la novela, recomiendo la lectura del siguiente artículo: El objetalismo francés.

Con El diluvio J. M. G. Le Clézio se propone desesperar al lector, conmigo lo logró. Consecuentemente con la desesperación, el análisis. Desesperar en el buen sentido. No para tirar el libro a la basura, sino el afán de entender qué mundo está proponiendo en sus páginas. Puede ser la soledad, por decir algo, y en este sentido el libro adquiere una dimensión especial.

Me refiero a El diluvio, primer libro del último premio Nobel reeditado en español. Curiosamente, esta novela fue la primera de Le Clézio, publicada por Gallimard en París en 1966 y traducida al español para Seix Barral en 1969. Muy poco pegó en español en aquellos años, hasta el punto que desapareció de escena. Tal vez porque es un tipo de lectura para especialistas. No es para el lector común. Pues bien, ahora el Grupo Santillana lo trae de nuevo a nuestros ojos. 

Hace cuarenta años el libro no llegó a entenderse porque Le Clezio es un autor de la línea del objetalismo francés, sucesor de Claude Simon, también premio Nobel, de los tantos que lo ganan y se olvidan, y heredero de su hermetismo. Y de la línea de Gisella Elsner, la de Los enanos gigantes. 

Como bien sabemos, el objetalismo quiso darle prioridad a la objetividad, a los objetos, por encima de la acción y, por tanto, para poderlos hacer vivir en la literatura era necesario describirlos hasta el hartazgo. De ahí que para nosotros los latinoamericanos, que preferimos la narración porque en ella se impone la acción sobre la descripción, es pesado y desesperante un texto objetalista. Tal vez Le Clézio avance hacia el espíritu de las cosas, pero son las cosas las que abruman al hombre contemporáneo, al punto que no puede vivir sin ellas o, mejor, sin ellas moriría irremediablemente. El hombre contemporáneo es un ser alineado por los objetos que él mismo se inventó para su bienestar pero, son su condena, su esclavitud. De tal manera que Francois Besson, protagonista de El diluvio, con sólo ver una cajetilla tirada en el suelo, ya imagina miles de historias que ella suscita, y así hasta el desespero. Por ejemplo, el fumador, sus oficios, sus sueños, su escupitajo, cuántas bacterias, cuantas gotas de agua para acabar con la cajetilla, la esposa o la amante del fumador, el sombrero del fumador, y así hasta el infinito. Una cajetilla. O una gota de agua.

Pues hay que leer a Le Clézio, sin lugar a dudas. Sólo un consejo, si es que se puede dar, paciencia, sobre todo en las primeras cincuenta y dos páginas. Atención. Concentración. Porque se van a pasar muchas páginas sin avanzar nada, hasta que la angustia se apodere de su espíritu. Eso es lo que busca el autor, al parecer. Y en eso es un maestro.

Adaptado de elnuevodia.com

1 comentario:

Anónimo dijo...

HABRÁ QUE LEERLA CON CUIDADO. SI PUDIERAS HABLAR DE PAMUK Y DE QUE OBRA SE PODRIA LEER, SE AGRADECERIA