miércoles, 21 de febrero de 2007

LOS BURDELES Y LA VIDA LIMEÑA



LA EVOLUCIÓN DE LOS BURDELES




Recuerdo con nitidez, en la novela Conversación en la Catedral de Mario Vargas Llosa, el diálogo entre el Zavalita adolescente y su hermano mayor. El primero le pide a su hermano que lo llevara a un burdel. “Chispas”, el hermano mayor, le suelta una frase aleccionadora: nones, el hombre se consigue su polvo a pulso. No se cuántas veces he ido citando esa frase y no sé en cuántas conversaciones que giraban en torno a los burdeles y lugares anexos, y hay tantos. Recuerdo sí, que esa frase se convirtió en frase motivadora para el duro crecimiento de muchos lectores adolescentes de Vargas Llosa.
Lo cierto es que aquella etapa de la vida de muchos y por muchos años estuvo marcada por la fantasía de un “burdel”, un lugar mítico a donde no se podía entrar porque se era aún un mocoso, pero que servía de punto de ebullición de toda nuestra calenturienta imaginación. Allí solo entraban los grandes. La adolescencia era la edad en la que el sexo golpeaba cada día con la contundencia de una obsesión. Lugares como “El Trocadero”, “El botecito”, y para los lectores de novelas, que hablaban de lugares más antiguos, estaba el “Huatica” y ensoñaciones como la “pies dorados” quien es presentada como el ícono burdelesco en la “Ciudad y los perros”.
Las cosas han cambiado mucho. El mundo ha entrado a una etapa en la que los iconos cambian rápidamente y las etapas de nuestra vida tienen menos rituales, son menos complejos, se llega directamente casi a todo. Es todo tan odiosamente simple que - perdón si me meto con la generación presente - pareciera ya no tener el encanto perdidamente mágico de otrora; pero, cada quien con lo suyo, y respeto por cada tiempo.
En El Comercio del domingo, en la sección Luces, encuentro un artículo a propósito de lo que escribo. Nelly Luna Amancio, escribe los burdeles bajo el titulo “El amor cuesta caro” que pertenece a la crónica “De Huatica al TrocaderoEl amor también puede ser un estado de ánimo. A 'La Shimabuco', la prostituta más recordada de Huatica, le daban arranques de locura cada vez que uno de sus amantes no atendía sus caprichos. Si estaba contenta, recitaba a viva voz los versos de sus poetas preferidos y todos la adoraban; si estaba borracha y aturdida, amenazaba con aventarse del segundo piso, entonces, todos le rehuían.
En otra parte de la crónica evoca la vinculación de la Lima oficial con los burdeles de aquella época. La historia de los burdeles de Lima tiene una sola Shimabuco, pero miles de protagonistas. En aquellos sórdidos espacios, políticos y jóvenes poetas de la bohemia limeña de la primera mitad del siglo XX amaron (y conspiraron) un poquito. En ellos se tomaron decisiones de Estado. El escritor Gregorio Martínez no duda de que en los burdeles más reservados se planificaron los golpes de Estado. "Se podía conversar con mayor confianza. Fueron para los políticos de la derecha y los militares como después los bares para la izquierda. En el bar Palermo de La Colmena, por ejemplo, se planearon asaltos a bancos para darles fondos a las guerrillas. Era normal que los burdeles estuvieran atestados de congresistas. Ahí se decidía el destino del país, se tomaban los acuerdos y los pactos", dice el autor del "Libro de los Espejos".
Los burdeles sellaron pactos políticos y ofrecieron un cómplice escenario a escritores. El periodista Carlos Ney Barrionuevo, el entrañable Carlitos de "Conversación en La Catedral", relató una de las primeras inquietudes de un adolescente Mario Vargas Llosa. "Salíamos de 'La Crónica' rumbo a Huatica, pero como Mario era un chiquillo, lo botamos. Él insistió y se metió en el carro con nosotros. 'Yo también quiero ir', dijo y, bueno, nos fuimos todos. Después de ello, su papá lo sacó del periódico y lo mandó a Piura". El ajuste de cuentas llegó varios años después, cuando Vargas Llosa escribió "La Casa Verde", el burdel piurano que conoció en su viaje. Tres años después publicó su mejor novela, "Conversación en La Catedral", y contó las andadas de los periodistas de "La Crónica". Una deuda saldada.

1 comentario:

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