lunes, 23 de noviembre de 2009

Alcalde Masías y terreno para el Museo de la Memoria

Siento que debo copiar parte del artículo publicado por Alonso Cueto en su columna semanal en Perú 21. Tiene que ver con el Museo de la Memoria (construcción que se ha estado gestionando por tanto tiempo en medio de molestas discusiones). Tiene que ver, también, con una lección de objetividad de la que a veces nos alejamos porque probablemente tenemos el hígado muy sensible. Muchos ya sabíamos que la municipalidad de Miraflores había cedido un terreno cerca de Estadio Bonilla, por la avenida del Ejército, para la edificación del Museo. Sin embargo, a muy pocos se les había ocurrido reconocer la buena actitud del alcalde Masías en este sentido. Lo cierto es que Masías ha resultado ser muy antipático para muchos y, después de haber negado el Parque de Miraflores para la Feria del Libro, confirmó la ojeriza de muchos. Probablemente por esa razón pocos destacaron la donación del terreno, entre ellos, este escribidor. Cueto hace bien en anotar tal mezquindad: explicable, pero no justificable.
Si queremos un Museo de la Memoria que nos haga reflexionar sobre los momentos difíciles que vivimos durante la infausta época del terrorismo, debemos empezar por entender que uno de los ingredientes que contribuyó en la germinación de ese horror fue la obsecación, la intransigencia.

la nota dice:

Hay que agradecer y reconocer el gesto que ha tenido el alcalde de Miraflores, Manuel Masías, al donar un terreno para la construcción del Museo de la Memoria. El terreno, que tiene un espacio suficiente, está ubicado en una zona accesible para muchos, y sabemos que el proceso que llevará a la construcción del Museo sigue en buen pie. Si bien es verdad que cometió un error al negar el parque Kennedy para la Feria del Libro, el alcalde Masías ha acertado en que Miraflores, que fue escenario de protestas contra la dictadura de Fujimori y del atentado de Tarata, sea el distrito del Museo. En los últimos días, no he leído ninguna felicitación a las autoridades miraflorinas por la concesión. Es un antiguo mal. Somos magníficos para la diatriba y tardíos en el reconocimiento, quizá porque tiene menos efecto.
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viernes, 20 de noviembre de 2009

Acerca de los pishtacos

No había cumplido aún los diez años cuando escuché por primera vez de los pishtacos. Fue durante el mes que pasé en un pueblo llamado Pachas, en el departamento de Huánuco. Mi madre me había llevado a conocer a los pocos parientes de mi padre que aún habitaban en ese lugar, un pequeño pueblo que parecía sostenerse solo por milagro de una enorme ladera hasta donde llegaba el ronquido del enojado río Vizcarra que discurría muchos metros abajo.
Una noche, en torno a una larga y rústica mesa, y junto a un gran fogón en donde habían terminado cocinar la merienda, los más ancianos se dedicaron a asustarnos con historias en las que los pishtacos robaban gente para luego cercenarlos y colgarlos de grandes ganchos sobre fogones a fin de ir derritiéndolos hasta sacarles toda la grasa posible. Volví a escuchar de ellos algunas veces más, siempre de boca de convencidos parientes y amigos identificados con la cultura andina. Solo mucho después, leí de ellos en algunos escritos del gran José María Arguedas. Luego volví a leer de ellos en la novela de Vargas Llosa, Lituma en los Andes. Esta vez, la imagen del pishtaco reapareció, pero sin el atmósfera mágico que le habían dado mis parientes y el mismo Arguedas. En Lituma en los Andes, el rumor de los pishtacos parecía más bien la terca persistencia de un pueblo que aun vivía cautivo de sus supersticiones y terrores básicos.

Así fue hasta estos recientes días cuando la noticia acerca de los pishtacos dejó de ser una seductora ficción, para convertirse en una macabra realidad. La policía peruana había detenido a una banda de personas que tenían en su haber unos pomos con grasa humana y que - confesaron poco después - se dedicaba a cazar campesinos que vagaban por caminos solitarios de la abrupta serranía. Los cazaban para luego cercenarlos y "procesarlos". Confieso que volví a leer la nota y me detuve más tiempo de lo acostumbrado a escuchar los informes televisivos. Aun cuando parezca una afirmación común: por unos momentos pensé que estaba viviendo un sueño con engañifas de realidad, pero no era así.

Ahora bien, aunque todo esto conmueva las fibras de mi identificación cultural, y aun cuando, como muchos, haya vivido encantado con historias míticas como las del Muqui (cuyo cuento inconcluso ya tiene una década), el Chullachaqui y el mismo diablo que solía presentarse en forma humana, pero con una pata de cabra, la historia reciente de los pishtacos no termina de cuajar ahora que se le quiere convertir en una verdad occidental. Sucede que la "realidad" (así entre comillas) está sujeta una tabla de razonamientos lógicos en donde estos espeluznantes personajes no encajan. Por ejemplo, si acaso eran desalmados comerciantes internacionales de grasa humana, ¿no sería más rentable comerciar toda las grasa extraída de aquellos que buscan esbeltez en las clínicas privadas de Lima? De otro lado, si cobraban 15.000 dólares por frasco de grasa humana, ¿cómo así trabajaban en condiciones tan precarias como cuevas y con trípodes artesanales y bolsones de plástico para las urnas derretidoras? Y es más, ¿por qué exportaban sus escalofriantes productos en condiciones tan desprotegidas y riesgosas, como los son las encomiendas en buses, casi a la vista de todos?

He preguntado a mi querida Elena, que es consultora de belleza (y como ironía profesional sale conmigo), si ha escuchado en las más íntimas conversaciones de ese logia de expertos en el negocio de la belleza, la existencia de cremas ultras secretas que usen la grasa humana como ingrediente. Nada. Salvo la placenta en ampolletas cuya venta es por demás conocida en la cabellera releada de muchos de nosotros. Me faltaría indagar entre los expertos en maquinaria de última generación si esta grasa es usada como lubricante de sus poleas y tuercas, cosa que, por cierto, pongo en duda.

Todavía es temprano, y no he bebido ningún trago, por lo tanto, no puedo arriesgarme a especular sobre la puesta en marcha de un sicosocial gubernamental, pero ganas no me faltan. Lo que puedo afirmar es que hay una delgada, muy delgada línea entre la realidad y la ficción. Pudiera ser que, en algún momento, nos hayamos confundido de lado. Eso podría explicar la extravagancia de todo lo que últimamente nos viene sucediendo.

Por lo pronto es viernes y me urge ese trago. Iré de copas temprano, sin auto, por esto la tolerancia cero, y al regreso lo haré discretamente, cuidándome, eso sí, de los amigos sin dinero en busca de una copa de más, también de los ladrones y, por supuesto, miranado con cuidado en cada esquina. Digo, para no encontrarme con algún pishtaco metropolitano salido de una dimensión que, por lo menos, hasta ahora, pensaba perdida. ¡Qué terror!
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miércoles, 18 de noviembre de 2009

30 Feria del Libro "Ricardo Palma"

La trigésima Feria del Libro Ricardo Palma finalmente deja su tradicional estadía en el Parque de Miraflores para trasladarse al Vértice del Museo de la Nación.
A pesar del revuelo que se armó y de la franca antipatía hacia la alcaldía de Miraflores, la decisión edílica no se alteró.
La Feria se traslada a San Borja. ¡Qué más da! Las cosas cambian, los tiempos son otros, pero la pasión por los libros se sobrepondrá a todas las dificultades. Habrá que sufrir el tráfico de Javier Prado y acostumbrarse al ambiente embriagado de luces de la avenida Aviación.
No importa. La Feria anuncia una mayor cantidad de libreros y muchos más títulos en comparación al año anterior. El escritor chileno Alberto Fuguet estará en la inauguración y el rockero Micky Gonzáles musicalizará las noches de Feria. Qué más. Vamos a la Feria que se incia este 27 de noviembre y que se extenderá hasta el 10 diciembre.

Una nota en Perú 21 dice:

La Cámara Peruana del Libro informó que la Feria del Libro Ricardo Palma empezará este 27 de noviembre y culminará el 10 diciembre, teniendo como escenario el Vértice del Museo de la Nación. Por primera vez en su edición número 30 dejará su tradicional sede del Parque Kennedy tras la negativa de la Municipalidad de Miraflores de que el evento se realice allí.
Este año, a diferencia del año pasado en que hubo 78 expositores y 140 mil títulos bibliográficos, ahora habrá 95 empresas participantes y 150 mil libros diferentes. El costo de la entrada será de un nuevo sol, sin embargo los menores de 12 años y los mayores de 60, ingresan gratuitamente.
El escritor y cineasta chileno Alberto Fuguet inaugurará esta fiesta del libro junto a su compatriota Álvaro Bisama. Además, llegarán a Lima autores como los mexicanos Vivian Abenshushan y Marco Antonio Campos; la cronista brasilera Vanessa de Oliveira; y los colombianos Margarita García (blogger), Mauricio Vargas (historiador) y Sergio Ocampo (escritor).
Los 204 stands de la feria funcionarán desde las doce del día hasta las 10 de la noche. Y, por primera vez, se atenderá hasta cerca de la medianoche cuando se realice el Fiestón de la Feria, un ciclo de conciertos en los que participarán músicos como Micky Gonzales y La Mente.
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jueves, 5 de noviembre de 2009

Recordando a Ciro Alegría

Que yo recuerde, la lectura de la novela "El mundo es ancho y ajeno" de Ciro Alegría era de carácter obligatorio en algún año del ciclo escolar. Recuerdo, también, que su lectura resultaba insufrible para muchos de mis compañeros de aula. Tengo memoria de haber ganado algunas monedas y hasta el titularato en una selección de fútbol escolar por haberle preparado un resumen de la obra al capitán del equipo.
No solo era que la lectura en general les causara una severa alergia a mis compañeros de salón, también contaba el hecho de que el mundo andino presentado por Alegría era un mundo totalmente ajeno para nosotros. El Fiero Vásquez, Benito Castro no eran como los héroes que aparecían en las películas de vaqueros con las que pasábamos las tardes en los cines de barrio con función continuada.
En mi caso, mi verdadero encuentro con Alegría fue cuando ya la literatura se había inoculado en mi sangre y buscaba propuestas narrativas de todo calibre. Alegría tenía la habilidad de juguetear con las palabras y se regodeaba en ella impregnándole un aire poético a veces casi rimbombante, por lo menos eso me pareció a mí. La heroificación de sus personajes (campesinos explotados mayormente) francamente me impactó en una primera lectura. Tal vez, luego ya me parecieron excesivamente arquetipados. Probablemente, en mi caso, la narrativa de José María Arguedas me había señalado ya una manera de entender el Indigenismo.
No obstante, la obra de Ciro Alegría ha merecido los suficientes elogios como para permanecer en la memoria literaria del Perú. Precisamente, esta semana se recuerda su nacimiento un cuatro de noviembre de 1904.

Una nota aparecida en La República dice:

Nació en el pueblo de Marcabal, en Huamachuco. Su principal novela, El mundo es ancho y ajeno, ha sido traducida a 48 idiomas y publicada en 70 países.
Escrita cuando tenía 31 años, en el exilio, tuberculoso y sin trabajo fijo, El mundo es ancho y ajeno es la obra más importante de Ciro Alegría, y, a juicio de muchos, la mayor novela peruana de todos los tiempos. Con ella ganó el Premio Latinoamericano de Novela Farrar & Rinehart (1941), en Nueva York, con un jurado presidido por John Dos Passos.
Traducida y publicada en 48 idiomas y en 70 países, es la novela peruana más difundida en lengua castellana. Publicada por 20 editoriales españolas y desde los años 60, cuando salió por primera vez en el Perú, con una tirada de 100 mil ejemplares para un festival del libro, nunca ha dejado de reimprimirse en la patria de Vallejo, que fue maestro de Alegría, cuando éste era niño.
Brillante desde el título, El mundo es ancho y ajeno, ocurre en una comunidad de la sierra del norte del Perú, convulsionada por la resistencia de sus habitantes y su sabio alcalde a la expoliación de los gamonales, el holocausto y la emigración de las víctimas.
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martes, 3 de noviembre de 2009

Ministerio de Cultura ¡Cuidado!

Si acaso no tuvieron tiempo de leer el artículo escrito por Alonso Cueto en el diario Perú 21 sobre la creación de un Ministerio de la Cultura, lo transcribo líneas abajo.
Por mi parte, me aúno con quienes opinan que este proyecto debe analizarse con sumo cuidado. A primera vista, la idea parece loable, sin embargo, el asunto podría convertirse en una hidra de cabezas monstruosas, las que terminarían devorándose las buenas intenciones de los ingenuos. Finalmente, solo nos quedaría, otro monstruo burocrático.


El tema del Ministerio de Cultura en el Perú se ha venido discutiendo desde hace muchos años, y en su favor y en su contra se han esgrimido con frecuencia los mismos argumentos. Por un lado, creo que hay que saludar la medida del presidente Alan García, como una expresión política de un hecho evidente: que la promoción de la cultura peruana supone una gran inversión que, sin embargo, tiene mucho que ofrecer. Solo la extensión de nuestro patrimonio cultural requiere de un manejo considerable.
Sin embargo, el futuro Ministerio de Cultura se enfrenta a tres grandes desafíos que, desgraciadamente, pueden convertirlo más en un obstáculo para nuestro desarrollo cultural que en un estímulo. El primero es el partidismo o la ideologización de la cultura. El segundo es la falta de presupuesto. El tercero es la burocracia. Todos estos son los problemas habituales en los ministerios o entidades estatales, y no es difícil pensar que se puedan seguir reproduciendo en una nueva propuesta.
A todos estos problemas se agrega el de las definiciones. Para muchas personas, la palabra 'cultura’ tiene significados distintos. En el tema de la música, por ejemplo, muchos consideran 'cultural’ no solo la música clásica o la popular, sino también el rock, la cumbia andina o el heavy metal. Las mismas divisiones se pueden hacer en diferentes géneros, y habría que preguntarse quién, en un ministerio, decide cuáles son parte de su ámbito y cuáles no. Por último, el trabajo del Ministerio de Cultura siempre debe partir de su labor de promoción, sin escollos. El gestor cultural es una figura importante. En su extremo opuesto está el burócrata.
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El Caín de Saramago despierta polémica

Me entero en el diario español Abc que la reciente novela de José Saramago, titulada Caín, ha levantado la suficiente polvareda en el los medios católicos y conservadores como para llamar la atención de los lectores y convertir al libro en un suceso de ventas.

Casi veinte años después de su controvertida novela 'El evangelio según Jesucristo', obra que fue vetada por el Gobierno portugués para competir por el Premio Europeo de Literatura, Saramago, vuelve a despertar las iras del fundamentalismo católico con "Caín". Por lo que entiendo, la reciente obra es un irreverente, irónico y mordaz recorrido por diversos pasajes de la Biblia.

Tendré que adelantar el turno de lectura de esta novela para brindar una mejor opinión. Por lo pronto, aunque parezca mezquino, sería ingenuo pensar que el equipo de editores de Saramago no haya previsto el bolondrón y los buenos efectos de esto en las ventas.

Parte de la nota dice:

Saramago presentó hoy su novela en la Casa de América, en una multitudinaria rueda de prensa en la que el Premio Nobel de Literatura 1998 se refirió a la gran polémica que «Caín» ha suscitado en su país, Portugal, donde ha sido criticado con dureza por la Iglesia Católica y «por la extrema derecha política».

Por supuesto que el escritor esperaba que, por la lectura que él hace de la Biblia en la novela, «la Iglesia tuviera algo que decir», pero no «con la impiedad, la falta de misericordia y la falta de caridad» con que lo ha hecho, y, además, «sin haberse leído el libro», aseguraba Saramago.
En Portugal llueve sobre mojado, ya que la reacción que desató en 1991 «El Evangelio según Jesucristo» llevó a Saramago a abandonar su país para venirse a vivir a España.
Pero la polémica no ha evitado que la nueva novela haya tenido «un éxito sin precedentes», como dijo el editor portugués Zeferino Coelho, que acompañó al escritor durante la presentación, junto con Pilar del Río, esposa y traductora de Saramago, y con Pilar Reyes, directora de Alfaguara, el sello que ha distribuido el libro en España e Hispanoamérica.
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viernes, 30 de octubre de 2009

De amores, de novias y de tradiciones

Por lo general, para un padre es motivo de orgullo que los hijos continúen la vocación paterna. Por supuesto que no siempre es así, y no tiene por qué serlo. En mi caso, por ejemplo, mi adorada hija ha elegido la arquitectura de interiores como ocupación. Sus días transcurren entre maquetas, planos y diseños. Le brinda a todo ello, la pasión que yo le ponía a los libros y a la construcción de historias. Ni modo. Así debe ser. No obstante, a veces los hijos te sorprenden. En este caso, encontré una crónica que ella había redactado para su curso de Redacción Creativa, curso que es parte del plan curricular de su carrera. Lo publico, casi con aire clandestino. Ella no lo sabe aún, y tampoco sabe que es muy grato comprobar que los hijos siempre serán mejores que los padres. Ups. Se me cayó la baba.
Por Nora Primo (Cuculi):

Hace algunas semanas, descubrí un mini mundo en la Plaza de Armas. El mundo de las novias. Mejor dicho, de los recién casados. Cada sábado a partir de las ocho y hasta las diez y media de la noche aproximadamente, la Plaza de Armas se llena de limosinas, carruajes, autos, taxis, y hasta taxi motos decorados con flores blancas y cintas de agua, de donde bajan los felices, y otros no tan felices, recién casados. Ya sea que bajen de una taxi moto o de una limosina, todos los novios tienen el mismo protagonismo a esas horas.
Pero ¿cómo fue que descubrí esto? Es decir ¿qué hacía yo un sábado por la noche en la plaza de armas? Al terminar con mi enamorado, después de algunos años de relación, mis sábados habían quedado sin agenda.
Aquel día, mi primer sábado de “soltera”, apuntaba a ser un día muy depresivo. Mi plan era comprar comida grasosa, postrarme frente al televisor y tirarme al abandono. Pero antes de poder ejecutar mi plan, recibí una llamada. Era mi papá que en un intento de evitar mi depresivo sábado, me invitó a su departamento a pasar la tarde. Sin muchas ganas me levanté y tomé un taxi hasta su departamento. Él me invitó a caminar, pero yo, como todos quienes acaban una relación relacionan, estaba sufriendo mi trauma post ruptura, es decir tenía la idea de que iba a encontrar a mi ex en cualquier esquina. Mi papá comenzó a nombrarme una lista de lugares donde podíamos ir a tomarnos un café o un vino. Lugares a los que yo me negaba rotundamente, perseguida por la sombra de mi fantasmal enamorado. Cuando mi papá se estaba comenzando a rendir, me propuso pasear por la Plaza de Armas. Entonces yo le dije: ¿La plaza de armas?, ¿y que vamos a hacer en la plaza de armas? Él me dijo: no sé, ver el Palacio, mira a este paso ya no quedan más lugares. Entonces, sin mayor argumento, accedí.
Paramos en una gasolinera y compramos un par de latas de cerveza, parqueamos el carro frente a la Catedral, junto a la Plaza. Entonces, cuando bajamos del auto, que nos chocamos cara a cara con una novia, que llevaba un gran vestido blanco con una larga cola que el novio trataba de cargar. Ambos lucían muy preocupados por la cola del vestido, trataban de que no se ensucie. Cuando pasaron, le comenté a mí papá, a modo de “raje”: “Ese vestido debe ser alquilado” y él me respondió: “También puede ser que ella sea maniaco compulsiva y que no quiera manchas en su preciado vestido”. Nos reímos y seguimos caminado, cuando de pronto nos percatamos de que en la Plaza no solo había una novia, sino varias parejas recién saliditas de la iglesia, declaradas como marido y mujer. Nos sentamos en las gradas de la Catedral para poder ver mejor el espectáculo.
El lugar estaba lleno de vestidos blancos y pomposos, algunos más elegantes y otros, digamos, demasiados “vistosos”. Una novia subía las gradas para tomarse una foto en las puertas de la catedral. Su gran vestido le hacia muy complicado movilizarse. Me acerqué para ayudarla. “Felicidades por tu boda”, le dije. Ella me agradeció, “tu vestido es muy bonito”. Ella entre risas me respondió “si, bueno, tardé ocho meses en encontrarlo, pero cuando lo vi supe que era mío”.
Al regresar le dije a mi papá: “Qué aburrido casarse siempre de blanco, es decir, en pleno siglo XXI, las novias no pueden pensar en otro color”. Él me respondió: “Es que no te das cuenta de lo puras, inocentes y castas que son”, mientras me señalaba con los ojos a una novia quien tenia cara de pocos amigos, y que era bastante mayor que el novio. Nos reímos bastante. Luego me comentó que había leído que en la cultura Egipcia las novias también usaban mucho el color blanco para el día de su casamiento. “Eso es mucho tiempo de moda” le respondí. Sé que fue la reina Victoria de Inglaterra, en el siglo XIX, quien contrajo matrimonio usando un gran vestido blanco, imponiendo esa moda. Desde entonces todas las novias usaron ese color. Es decir que desde hacía dos siglos la moda de las novias era la misma”.

Al día siguiente le comenté a mi mamá sobre aquel show de novias que ofrecía la Plaza de Armas los fines de semana. Bueno a esto tengo que agregar, que por ser yo su única hija, mi mamá viene planeando mi boda desde hace años. Aunque debido a mi reciente ruptura, imaginé que ella postergaría sus preparativos, por un tiempo al menos. “Me gustaría ir”, me dijo “así podremos ver que fotógrafo es mejor”. Aparentemente mi ruptura no había afectado en lo absoluto sus planes.
Hay algo que tienen las bodas que va más allá del hecho de unir tu vida con otra persona. Se preparan con meses y a veces hasta con años de anticipación. La fascinación de toda niña por el día de su boda es algo que nunca pasa de moda. A pesar de los años, muchas de las tradiciones y las supersticiones se siguen aplicando. Una de las cabalas más comunes, por ejemplo, es aquella que afirma que el novio no puede ver a la novia antes de la ceremonia. Si él la llegara a verla, tendrían un matrimonio tormentoso.
Mi mamá no opina lo mismo. Ella cree que las fotos se tienen que tomar antes de la ceremonia, de ese modo no tendrían que hacer esperar a los invitados en la recepción. Además, los novios tendrían más tiempo para disfrutar de su fiesta que, por supuesto, cuesta. Sucede que en estos tiempos, los padres ya no son quienes normalmente te pagan la boda, sino la pareja misma. “Acuérdate que la dote que antiguamente lo daba el padre de la novia a la pareja, como garantía, es una de las tradiciones que lamentablemente ya no se práctica”. Mi madre siempre pensando en todo.
El siguiente sábado, me estaba alistando para salir. Mis amigos me habían invitado a una fiesta prometedora. Sin embargo, mi mamá entró a mi cuarto y me invitó a ver a las novias de la Plaza de Armas. Siendo ella tan detallista, supuse que el espectáculo sería más divertido que la fiesta con mis amigos.
Llegamos a la Plaza y nos sentamos en la zona "VIP", es decir en las gradas de la catedral. Vimos a una novia cruzando la pista, estaba acompañada de una amiga que la ayudaba con el ramo y el vestido. “Mira” me dijo, pude ver que el novio se había escondido detrás de un puesto de dulces a contestar su celular. “Ese matrimonio no va por buen camino”. La verdad, yo también lo pensé: total quien ayudaba a la novia era su amiga y no su novio. “Por algo se ha escondido para contestar ese celular”. De paso, ella me contó que, antiguamente, una novia tenía que vigilar en el momento de la boda que la corbata de su novio este correctamente puesta, ya que si la llevaba torcida significaba que le sería infiel. ¡Qué cosas!
Los regalos también tienen sus problemas. Uno como invitado, tiene que elegir algo de la lista de obsequios que te anexan a la invitación. Tienes que elegirlo rápido, ya que si demoras solo te quedaran lo regalos muy caros. Antes no existían la lista de obsequios. Entonces había que ser muy cuidadoso con el regalo. Por ejemplo, estaba prohibido regalar perlas a una novia, porque representaban llanto en el matrimonio. De paso, exhibir perlas el día de la boda era señal de mala suerte pues las perlas se parecían a las lágrimas: la gente creía que la novia lloraría durante todo su matrimonio.
Mi mamá empezó a hablarme de los cortes de los diferentes vestidos, los maquillajes, los peinados. “No hay que olvidar: algo azul, algo nuevo, algo viejo y algo prestado” me dijo con una adorable sonrisa. Antes, en mi rebeldía, no quería creer en el matrimonio, el rollo de siempre: que las bodas son muy cursis, que son sólo un espectáculo, que no se necesita de la aprobación de nadie para estar al lado de quien se ama... No obstante, la verdad es que, a pesar de que los tiempos cambian, muchas tradiciones se han mantenido incluso en generaciones como la mía, tan dadas a menospreciar el pasado. Los ritos de celebración de una boda son, creo, una tradición que sobrevivirá por mucho tiempo todavía.
A veces reniego con mi mamá, y otras, la veo con ternura. Ella y sus ideas para mi boda. Debo admitir que según van pasando los años, acepto que en el fondo, algún día, yo también deseo una boda de esas con las que toda chica sueña.
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miércoles, 28 de octubre de 2009

Mejor película de terror

¿Cuál es la mejor película de terror de todos los tiempos? Es la pregunta con la que se inicia un artículo publicado en el diario Abc de Madrid. Por lo visto, no hubo mucha discusión en torno a la respuesta. «El resplandor» de Stanley Kubrick, con la irremplazable actuación Jack Nicholson se llevó el primer lugar de las preferencias.
Aun cuando soy un aficionado impenitente del cine, no lo soy, en cambio, del género de terror. No obstante, resulta que sí había visto la mayoría de películas que aparecen en los diez primeros lugares, aparte de un respetable número de películas del género que fueron puestas en la bandeja de las participantes. Por esa razón, puedo meter mi cuchara en este tema y respaldar la elección del diario español.
¿Cómo olvidar la estremecedora transformación de Jack Torrance que, de escritor mediocre y apagado, pasa a convertirse en un sicópata aterrador? Ni hablar. Ese momento crucial, cuando un Jack Nicholson totalmente enloquecido avanza arrastrando un hacha, es una fotografía escalofriante.

La nota dice:

¿Cuál es la mejor película de terror de todos los tiempos? Una difícil pregunta para la que cada cual tendrá su propia respuesta. Pero la palma, según una encuesta realizada por el portal Totalscifionline.com entre sus usuarios, se la lleva «El resplandor», la cinta de Stanley Kubrick basada en la novela homónima de Stephen King.
Protagonizada por Jack Nicholson, «El resplandor» relata la historia de Jack Torrance, un escritor frustrado al que le ofrecen cuidar de un aislado hotel que permanece vacío durante el invierno. Torrance decide aceptar el puesto pese a saber que Grady, el anterior vigilante, había asesinado allí a sus hijas y a su mujer. A él, está seguro, no le ocurrirá nada parecido. Pero cuando la nieve empieza a caer y la carretera que les comunica con la ciudad queda cortada, una serie de extraños acontecimientos hará que Torrance termine convirtiéndose en un auténtico psicópata.

Les copio la lista para su opinión

1. «El resplandor» (Stanley Kubrick, 1980)
2. «La semilla del diablo» (Roman Polanski, 1968)
3. «The Wicker Man» (Robin Hardy, 1973)
4. «La novia de Frankenstein» (James Wahle, 1935)
5. «Psicosis» (Alfred Hitchcock, 1960)
6. «Alien» (Ridley Scott, 1979)
7. «La noche de los muertos vivientes» (George A. Romero, 1968)
8. «La matanza de Texas» (Tobe Hooper, 1974)
9. «La noche de Halloween» (John Carpenter, 1978)
10. «Tiburón» (Steven Spielberg, 1977)
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martes, 27 de octubre de 2009

SOBRE EL MECENAZGO CULTURAL

Encuentro un artículo de Alonso Cueto en Perú 21 que llama mucho mi atención. El siempre amable y atildado Alonso escribe, esta vez, unas líneas en favor del denominado Proyecto de Mecenazgo Cultural. Un proyecto que propone abrir un camino para que las empresas puedan subvencionar actividades culturales, y que esos gastos sean beneficiados en la deducción de impuestos de sus impuestos. Visto así, a primera vista, no parece que hubiera mayor controversia con el mencionado proyecto. Aunque, por algún lado leí que, con esta justificación, algunos empresarios y promotores culturales inescrupolosos iban a encontrar el camino para inflar ciertas actividades seudoculturales con el fin de escamotear sus obligaciones tributarias.
Todavía hay un mucho que discutir sobre el asunto, y discutir un proyecto tan loable, ciertamente vale la pena. Por mientras, transcribo el artículo de Alonso Cueto quien ya toma una clara posición al respecto.



PROMOVER EL BIEN CULTURAL

El proyecto de Mecenazgo Cultural es una oportunidad para que el Gobierno haga una inversión significativa en nuestra tradición cultural. El proyecto, que permite deducir de impuestos las sumas que las entidades privadas destinen a proyectos culturales –artes escénicas, pintura, libros, patrimonio–, tiene ejemplos en muchas partes. Una de las falsedades pregonadas es que en países capitalistas como EE.UU. no hay apoyo a la actividad artística. En verdad, allí no solo existe la ley del mecenazgo cultural, sino también organizaciones gubernamentales que la apoyan: el National Endow-ment for the Art, por ejemplo, ofrece becas de investigación y financia proyectos educativos y de pintura, teatro, traducciones, ediciones de libros, etcétera.
Promover el patrimonio cultural peruano es promover una imagen ante el mundo. No hay nada más 'eficiente’ y 'rentable’ que impulsar nuestros bienes culturales, como lo hace, con éxito, el Gobierno mexicano. A cualquier empresa le interesaría ver su logo asociado a ese empeño. En nuestro medio, instituciones privadas como el Banco Continental, Edelnor, Telefónica y la Universidad Católica han hecho una labor esencial en temas culturales, pero es obvio que otras más se unirían si se dieran otros estímulos. La ley del Mecenazgo lo permitiría, no por el bien de los artistas o investigadores, sino por el bien de todos, incluyendo al Gobierno, por supuesto.
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La imagen ha sido tomada del blog Rubensada
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lunes, 26 de octubre de 2009

Crónica de una corredor aficionado

Mi apreciado amigo Pedro Castillejo suele decir que eso de correr en una maratón le parece un esfuerzo poco explicable porque se corre sin perseguir a nadie. No está mal el argumento. Pero, ni modo, cada loco con su tema. Después de todo, que ambos pasemos un par de horas, de cada sábado, golpeando una bola amarilla dentro de una cancha de tenis hasta casi caer exhaustos como que tampoco tiene una explicación del todo convincente.
De todas maneras, era un hecho que este año yo iba a participar en la maratón de Radio Programas como lo venía haciendo desde hacía varios años. Si había participado incluso en mis momentos más difíciles, cuando el ánimo se me empolvaba bajo el felpudo de una habitación de penitente, no iba a abandonar la tradición precisamente ahora. Lo de malo estaba en la poca preparación que había tenido en las semanas previas. El trabajo – que de retos deportivos no entiende – había consumido todas mis horas posibles. Así es que el domingo de marras me encontró flojo y entumecido. Aun así, a las ocho de la mañana yo estaba merodeando por el Paseo de los Héroes con mucho linimento en los muslos y las pantorrillas, y tratando de desentumetecer las músculos con la mayor dignidad.
La leyenda cuenta que cuando los Persas llegaron a las cercanías de Atenas en plan de guerra, se regó la amenaza de que – si estos ganaban la batalla – iban a violar a las mujeres griegas e iban a asesinar a todos los niños. Entonces, para evitar semejante humillación, los griegos habían acordado que, de suceder esto, las mujeres iban a matar a sus propios hijos antes de suicidarse en masa. No obstante, la valentía de los atenienses hizo retroceder a los persas, pero en un tiempo mayor del convenido con las mujeres que esperaban en Atenas. Por eso el general Milciades tuvo que enviar a Filípides a toda carrera para que recorra los cuarenta kilómetros que los separaban de la ciudad y así evitar una mayor catástrofe que la misma guerra. Lo cierto es que hay otras leyendas. Por ejemplo que la corrida de Filípides fue para pedir ayuda a los espartanos, quienes se negaron por estar de feriado o algo así. Nada es seguro con las leyendas. Pero me parece que correr para salvar a las bellas griegas del suicidio es una mejor explicación para semejante carrera.
En un bolso tipo canguro guardé el teléfono, las llaves del auto y la toallita que Elena (de Lima) me había obsequiado. Cuando se dio la partida, había empezado a caer una menuda lluvia y el monumento de Grau parecía un gigante entumecido por la humedad de Lima. Un caudal de camisetas amarillas comenzó a fluir desde Palacio de Justicia para entrar rápidamente a la Vía Expresa. De pronto, yo ya era parte de la corriente. Una sensación de colectividad que ya quisieran analizar los que reclaman por un espacio para la individualidad. Correr sin perseguir a nadie. Tal vez había que darle más crédito a las palabras de Pedro Castillejo.
La primera maratón de estos tiempos la ganó el griego Spiridon Loues en 1896, en el mismo estadio de Atenas. Pidió como premio un burro, una carreta y que liberaran a su hermano que estaba preso por una pelea doméstica. Por supuesto que le concedieron su petición y lo griegos siguen recordándolo con mucho orgullo. Aunque, valgan verdades, él solo recorrió 40 kilómetros. Los 42.195 fueron el resultado de la exquisitez de la realeza británica que en 1908 obligó a que se agregaran los dos kilómetros y pico para que la carrera llegara hasta el Palacio y pudiera ser vista desde allí, por la nobleza, sin ser molestados por la lluvia que había comenzado a caer sobre Londres desde el comienzo de los tiempos.

En el kilómetro cinco, corría yo por Jesús María, justo en la avenida Cuba en cruce con Arequipa. La camiseta totalmente mojada, el cangurito que había comenzado a pesar extrañamente más de lo acostumbrado, y una ampollita en el empeine izquierdo que se iba transformando en una gran molestia. ¿Cómo se me había ocurrido tamaña idea de correr en semejante estado de dejadez? ¿Y si abandonaba? ¿Si me escabullía por Almirante Guise? Y no paraba hasta el garaje en donde había dejado el auto. Algo así como el norteamericano Fred Lorz quien, en los Juegos Olimpicos Saint Louis 1904, después de haber recorrido casi diecisiete kilómetros, se subió a un auto que lo acercó hasta muy pocos kilómetros de la meta. Por supuesto que lo pillaron, le quitaron todo honor y pasó a la historia como el gran tramposo de la maratón. Bueno. Tampoco era para asustarme. Después de todo, en estos tiempos, la buena o mala memoria era solo cuestión de coyuntura. Sino que lo diga el presidente García.
Como quien no se da cuenta, de pronto, ya estaba en el kilómetro ocho. Delante de mí aparecieron dos guapas rubias que desentonaban bastante entre la pelotón de cetrinos que habíamos coincidido. O sea que Dios nos había criado y nosotros nos habíamos apelotonado ordenadamente por tamaño y color. Salvo las rubias que avanzaban levantando ánimos. Para cuando llegué al kilómetro catorce, el olor del mar refrescaba la mañana porque ya estábamos por Miraflores cerca de la costanera. Sentía unos agujazos en las pantorrillas y que las articulaciones de las piernas crujían lastimeramente. Recogí al vuelo las bolsitas de agua que ofrecían cada cierto tiempo. ¿Cuándo terminaría la subida de Miraflores? Sabía que en algún momento había que girar hacía la izquierda para llegar otra vez hacia la Via Expresa. De allí todo sería una recta hasta el Palacio de Justicia en el Centro de Lima. Pero ¿Cuándo? ¿Iba a abandonar?
Dicen que hay un momento en el que el cansancio te produce depresión y que es la etapa más difícil de la carrera. Cosas que a uno le pasan. Eso pudo haberme sucedido cuando pasé cerca del lugar en donde vi, por última vez, a quien alguna vez hizo papel estrujado con mi corazón. ¡Allí está! Ese pudo haber sido el momento más difícil para mí: es el momento cuando empiezo a vivir con fondo de bolero. No obstante, no por las puras pasa el tiempo que todo lo cura, ni las historias de valientes como la de Dorando Pietri que en las Olimpiadas de Londres, se cayó cuatro veces. Luego, dentro del estadio, estaba tan agotado que había perdido el rumbo y corrió en sentido equivocado. Era tan valiente el atleta que conmovió a todos. Los propios jueces lo ayudaron a levantarse, lo orientaron, y lo volvieron a levantar cuando volvió caer cerca de la meta y en las puertas del agotamiento. Finalmente cruzó la meta en medio de la conmoción de los asistentes. Al final, no le dieron la medalla, pero eso fue lo de menos. La Reina le dio una copa de oro, y la gente olvidó al ganador de la medalla John Hayes, pero nunca olvidó al gran Dorando Pietri.
Para cuando bajé a la Vía expresa, ya corría por incercia, sin pensar en otra cosa sino en que tenía que mover las piernas que, a ratos, parecían desprenderse de mi coordinación. Waldir Urueta y Jhony Casallo, atletas del Centro del Perú, habían llegado hacía rato a la meta, llevándose el primer y el segundo puesto. Qué brutos para correr. Habían hecho 21 kilómetros en una hora y cuatro minutos. Yo iba llegar casi a las dos horas, que es el record, pero para los 42 kilómetros. La última subida del Zanjón la hice porque no me quedaba de otra. La verdad es que la ampolla ya no me dolía o, si me dolía, ya era un dolor menor ante todos los demas dolores que me atacaban.
Crucé la meta casí en la soledad. Me pareció que un conjunto de música criolla estaba cerrando la jornada. Y hasta podría jurar que los organizadores ya guardaban sus cosas. No importaba. Había ganado mi propia batalla. Me esperaba un buen desayuno de pan chicharron con mi querida hija, y por la noche, el consuelo del héroe en los brazos de Elena (de Lima).
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