Mostrando las entradas con la etiqueta Mario Vargas Llosa. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Mario Vargas Llosa. Mostrar todas las entradas

lunes, 9 de abril de 2012

UNED y los 50 años de "La ciudad y los perros"




Desde la primera vez que la leí y hasta hace unos días cuando volví a leerla, motivado por una charla a la que asistí, aún sigo encontrando ciertas claves que se me escaparon de alguna lectura anterior: cuadros, escenas, cruces de diálogos, pistas para entender un poco más a los personajes, y sigo admirando la destreza narrativa de Vargas Llosa.
El Jaguar, Alberto, el Esclavo, Cava, el teniente, Teresita, cada uno de ellos tiene la identidad suficiente para seguir existiendo 50 años después, tan vitales como al principio.
Confieso que he leído más veces “Conversación en la Catedral”, y que he usado esa novela casi como un manual para la creación narrativa. No obstante, la publicación de “La ciudad y los perros” – lo sabemos bien – marcó un antes y un después dentro de la narrativa contemporánea latinoamericana.
Quienes escribieron después, tanto los que se declararon sus seguidores y hasta sus necesarios detractores, deberán aceptar que el oficio narrativo tuvo un punto de quiebre a partir de esta novela.
Que este aniversario sea una buena oportunidad para reencontrarse con esa portentosa primera etapa creativa del Vargas Llosa, y que más allá de todas las discrepancias que algunos han jurado mantener, hablemos principalmente del gran escritor.

Los dejo con un video que grabé cuando asistí a una charla organizada por la UNED, dirigida en el Perú por Ana María García. No está muy bueno, porque estaba más concentrado en lo que decía Américo Murugarra; pero al menos es mi primer aporte aunándome a estas celebraciones por los cincuenta años de la novela

sábado, 4 de diciembre de 2010

Vargas Llosa: genera simpatías y antipatías, como siempre


Como tenía que ser, y a pocos días de la ceremonia de entrega del Premio Nobel de Literatura para Mario Vargas Llosa, el ambiente literario peruano ya está bastante definido entre los incondicionales de Vargas Llosa y los infaltables detractores. Claro, también están los otros: en donde se incluyen hasta los que recién se enteran de que Vargas Llosa era escritor y no el director de la película "La ciudad y los perros".
Entiendo de que no podía ser de otra de manera. Tampoco era cosa de que algunos trocaran de posición a última hora. Un escritor como Vargas Llosa, con una constante presencia en el debate ideológico, siempre va a motivar una necesaria confrontación ideas. Lo de malo está en que para algunos es muy difícil separar la discrepancia con las ideas del simple encono personal.
Por ejemplo, encuentro en el blog Puente Aéreo las severas opiniones críticas de Gustavo Faverón sobre la reciente novela El sueño del Celta, opiniones que bien tendrían que tomarse en cuenta, aun cuando no necesariamente compartirlas. Ahora bien, lo que me llama la atención son los comentarios de algunos lectores que aprovechan el espacio para poner de manifiesto su respaldo a cualquier posible crítica negativa en torno a la obra o vida de Vargas Llosa. Algunos anticipan de que no se tomarán el tiempo de leer la última novela porque intuyen que será, de todas maneras, mala.
No queda de otra que respetar la libertad de querer o no querer a un autor o a su obra. Y, bueno, en uso irrestricto de esa libertad, yo, mas bien, puedo aseverar que incluso una novela menor de Vargas Llosa ya es una formidable muestra de talento y maestría narrativa. Asimismo, me aúno a quienes censuran la mala costumbre de no separar la obra artística de las otras facetas que componen la vida de una persona. Aunque en este punto, tengo la certeza de que la vida y obra de Vargas Llosa van de la mano en un solo mensaje por la libertad.
Y, en este punto, aunque esa dimensión de libertad no encaje con aquella que otros proponen, al menos hay que aceptar que el escritor ha vivido en respetable concordancia entre sus ideas y sus obras.
Este viernes, contemplaré sumamente feliz y orgulloso la confirmación formal de que Mario Vargas Llosa es un escritor peruano de proyección mundial. O sea, como es obvio, yo estoy entre los incondicionales del verdadero escribidor.
.

sábado, 31 de julio de 2010

Vargas Llosa y García Márquez: algo más sobre una enemistad de leyenda

Aun cuando las razones por las que se terminó una buena amistad - como la que tuvieron Mario Vargas Llosa y Gabriel García Márquez - fueron guardadas con discresión, tanto por ambos escritores como por los amigos más cercanos, de todas maneras se filtraron algunos datos que luego, claro, como tenía que ser en Latinoamérica, se fueron mezclando con la imaginería popular hasta crear una leyenda urbana. Lo cierto es que sí hubo puñetazo del escritor peruano contra el rostro del colombiano. Unas fotografías mostradas solo muchos años después dieron prueba de ello. Lo demás, hasta hoy, sigue siendo especulación.
Ahora bien, mientras duró la amistad entre ambos escritores, esta sirvió para enriquecer el momento literario que después se conoció como el "boom" de la literatura latinoamericana. Por ejemplo, tengo un pequeño libro en donde se da cuenta de un fructífero conversatorio sobre literatura que tuvieron los dos escritores en Lima cuando todo era elogios entre ellos. Asimismo, guardo, con mucho orgullo, el ensayo "Historia de un deicidio" en donde Vargas Llosa analiza la obra de García Márquez, hasta declararlo "El Amadís de América", mientras que Gabo afirmaba que Mario era el “el último caballero andante de la literatura”.

No obstante la razón de este post, tiene que ver con una nota que encuentro en el blog del diario El Espectador en donde se cuenta las andanzas de Fernando Araújo Vélez para conseguir la dedicatoria de los dos irreconciliables escritores para un mismo libro: "Historia de un deicidio".
Luego de narrada la aventura de Fernando, se anota las frases que ambos escritores anotaron en la dedicatoria.
Mario Vargas Llosa: "Por una mistad que nunca más será"
Gabriel García Márquez: "Totalmente de acuerdo"
.

viernes, 20 de noviembre de 2009

Acerca de los pishtacos

No había cumplido aún los diez años cuando escuché por primera vez de los pishtacos. Fue durante el mes que pasé en un pueblo llamado Pachas, en el departamento de Huánuco. Mi madre me había llevado a conocer a los pocos parientes de mi padre que aún habitaban en ese lugar, un pequeño pueblo que parecía sostenerse solo por milagro de una enorme ladera hasta donde llegaba el ronquido del enojado río Vizcarra que discurría muchos metros abajo.
Una noche, en torno a una larga y rústica mesa, y junto a un gran fogón en donde habían terminado cocinar la merienda, los más ancianos se dedicaron a asustarnos con historias en las que los pishtacos robaban gente para luego cercenarlos y colgarlos de grandes ganchos sobre fogones a fin de ir derritiéndolos hasta sacarles toda la grasa posible. Volví a escuchar de ellos algunas veces más, siempre de boca de convencidos parientes y amigos identificados con la cultura andina. Solo mucho después, leí de ellos en algunos escritos del gran José María Arguedas. Luego volví a leer de ellos en la novela de Vargas Llosa, Lituma en los Andes. Esta vez, la imagen del pishtaco reapareció, pero sin el atmósfera mágico que le habían dado mis parientes y el mismo Arguedas. En Lituma en los Andes, el rumor de los pishtacos parecía más bien la terca persistencia de un pueblo que aun vivía cautivo de sus supersticiones y terrores básicos.

Así fue hasta estos recientes días cuando la noticia acerca de los pishtacos dejó de ser una seductora ficción, para convertirse en una macabra realidad. La policía peruana había detenido a una banda de personas que tenían en su haber unos pomos con grasa humana y que - confesaron poco después - se dedicaba a cazar campesinos que vagaban por caminos solitarios de la abrupta serranía. Los cazaban para luego cercenarlos y "procesarlos". Confieso que volví a leer la nota y me detuve más tiempo de lo acostumbrado a escuchar los informes televisivos. Aun cuando parezca una afirmación común: por unos momentos pensé que estaba viviendo un sueño con engañifas de realidad, pero no era así.

Ahora bien, aunque todo esto conmueva las fibras de mi identificación cultural, y aun cuando, como muchos, haya vivido encantado con historias míticas como las del Muqui (cuyo cuento inconcluso ya tiene una década), el Chullachaqui y el mismo diablo que solía presentarse en forma humana, pero con una pata de cabra, la historia reciente de los pishtacos no termina de cuajar ahora que se le quiere convertir en una verdad occidental. Sucede que la "realidad" (así entre comillas) está sujeta una tabla de razonamientos lógicos en donde estos espeluznantes personajes no encajan. Por ejemplo, si acaso eran desalmados comerciantes internacionales de grasa humana, ¿no sería más rentable comerciar toda las grasa extraída de aquellos que buscan esbeltez en las clínicas privadas de Lima? De otro lado, si cobraban 15.000 dólares por frasco de grasa humana, ¿cómo así trabajaban en condiciones tan precarias como cuevas y con trípodes artesanales y bolsones de plástico para las urnas derretidoras? Y es más, ¿por qué exportaban sus escalofriantes productos en condiciones tan desprotegidas y riesgosas, como los son las encomiendas en buses, casi a la vista de todos?

He preguntado a mi querida Elena, que es consultora de belleza (y como ironía profesional sale conmigo), si ha escuchado en las más íntimas conversaciones de ese logia de expertos en el negocio de la belleza, la existencia de cremas ultras secretas que usen la grasa humana como ingrediente. Nada. Salvo la placenta en ampolletas cuya venta es por demás conocida en la cabellera releada de muchos de nosotros. Me faltaría indagar entre los expertos en maquinaria de última generación si esta grasa es usada como lubricante de sus poleas y tuercas, cosa que, por cierto, pongo en duda.

Todavía es temprano, y no he bebido ningún trago, por lo tanto, no puedo arriesgarme a especular sobre la puesta en marcha de un sicosocial gubernamental, pero ganas no me faltan. Lo que puedo afirmar es que hay una delgada, muy delgada línea entre la realidad y la ficción. Pudiera ser que, en algún momento, nos hayamos confundido de lado. Eso podría explicar la extravagancia de todo lo que últimamente nos viene sucediendo.

Por lo pronto es viernes y me urge ese trago. Iré de copas temprano, sin auto, por esto la tolerancia cero, y al regreso lo haré discretamente, cuidándome, eso sí, de los amigos sin dinero en busca de una copa de más, también de los ladrones y, por supuesto, miranado con cuidado en cada esquina. Digo, para no encontrarme con algún pishtaco metropolitano salido de una dimensión que, por lo menos, hasta ahora, pensaba perdida. ¡Qué terror!
.

miércoles, 7 de octubre de 2009

A propósito de libros de papel y libros electrónicos

Esta semana leí, a medias, un artículo en donde Mario Vargas Llosa señalaba su desánimo frente a los ciberlibros y ciberdiarios
El escritor aseguró que aún había mucha incertidumbre con el libro electrónico, que sería recomendable que el papel y el formato digital convivan, aunque expresó su temor de que el e-book pudiera no ser compatible con el rigor y la profundidad de la gran literatura y que la vulgarizara.
Ivan Thays dijo, al respecto, que Vargas Llosa no se daba cuenta de que el e-book no solo estaba por convertirse en el futuro del libro sino que, incluso, sería la opción más realista para el próximo milenio porque no solo abarataría costos y democratizaría la lectura sino que incluso favorecería lo ecológico como en el caso de los e book alimentados con energía solar.
Seguro que hay mucho que decir al respecto. Por mi parte, sin mayor argumento, y a pesar de estar escribiendo para una pantalla electrónica, creo que la lectura todavía es más agradable a la antigüita: en papel y con olor a tinta. Aunque acepto que este último aserto lo he escrito acicateado por un impulso melancólico que me recuerda aquella frase del padre Manrique: Todo tiempo pasado fue mejor.
Ni modo, acepto que hay un viento tecnológico irreversible que se irá llevando todo el pasado, como, por ejemplo, las hojas del papel. No obstante, por mientras, les dejo este artículo de Sergio Ramírez en Boomerang que me parece válido para los románticos del libro.

LOS PERIÓDICOS QUE NO ENVEJECEN
En Sentencia previa, la película futurista de Steven Spielberg basada en el cuento de Philip K. Dick, hay una escena en el metro, o en el autobús, donde los pasajeros leen periódicos electrónicos compuestos de hojas de material flexible del tamaño de un tabloide. Las noticias, ilustradas con videos más que con fotografías, cambian a medida que se producen. El lector tiene entonces siempre en sus manos un periódico absolutamente actual, que no envejece nunca.
Estamos cada vez más cerca de esa lejana era del futuro que la película de Spielberg presenta como ciencia ficción. Los periódicos se pueden ya leer en las pantallas de los teléfonos celulares... Toda una revolución en el universo de la lectura, que pone seriamente en cuestión a los libros de papel... pantallas provistas de tinta digital en las que también se puede leer periódicos y revistas en cualquier parte que uno se encuentre, en la calle, en el autobús, en la casa, en la oficina.
EL VIEJO PAPEL
Google se ha propuesto digitalizar millones de libros de los fondos de las bibliotecas públicas, para ofrecerlos en línea a los lectores a través de las pantallas, y para ello alcanzó un acuerdo con autores y editores. Este acuerdo, que abriría las puertas para que un día todos los libros del mundo estén disponibles por la red cibernética... Todas estas son señales ominosas en contra del tradicional libro de papel y cartón, y hay quienes ven cercano su fin, lo mismo que el fin de los periódicos. Quizás estas señales son más graves, sin embargo, para los periódicos antes que para los libros. Uno de los diarios tradicionales de mayor prestigio en Estados Unidos, el Christian Science Monitor, cerró sus puertas de papel y se quedó nada más en la edición electrónica. Y las ediciones impresas de periódicos como The New York Times y Le Monde dejaron de ser rentables, y si siguen apareciendo es porque sus ediciones electrónicas, que sí tienen ganancias, lo permiten.
PERIÓDICOS QUE NO ENVEJECEN
He pensado más de una vez en una escena que me llena de nostalgia anticipada. El último periódico impreso se ha dejado de publicar en alguna parte del mundo hace ya tiempo. El viejo papel de imprenta ha desaparecido, su tersa textura, el ruido familiar que produce cuando pasamos las páginas, lo mismo que el olor de la tinta. La imagen de un ejemplar de cuaderno que arrastra el viento por una calle solitaria. Y los libros, tersos y amables, que se acarician con sensualidad antes de entrar en ellos, idos también.
Y si ya no leeremos los periódicos y los libros de papel, debemos entonces advertir que se trata también de un cambio en los conceptos filosóficos, que tiene que ver con la materia misma, que se gasta, envejece y desaparece, o se recicla, y con el sentido que tiene la palabra copia, nuestra copia del diario, nuestra copia del libro, que nos pertenece y pertenece a nuestra biblioteca. Se trata de un periódico y de un libro que pueden apagarse, y lo que tenemos en la mano es un receptor flexible conectado de manera inalámbrica a un gran cerebro distante.
.

viernes, 15 de mayo de 2009

Halagos bonaerenses para Oswaldo Reynoso

La noticia sobre la visita a Buenos Aires de Oswaldo Reynoso ya la conocíamos. También se daba por descontada la buena recepción que Reynoso iba a tener en una ciudad en donde la buena literatura - pese a todo y con todo - sigue siendo un elemento impotante de su quehacer cultural. Sin embargo, de todas maneras, de gusto encontrar artículos y reportajes bonaerenses tan halagadores con nuestro escritor.
La pista la encuentró en la columna de Guillermo Giacosa en el diario Perú 21. Desde allí se da cuenta del artículo escrito por Mariana Enriquez para el suplemento cultural del diario Página 12.
Me alegró mucho por Oswaldo. Es reparador que la crítica siga encontrando vigente su obra y destaque su nítida presencia como escritor.


Un fragmento del artículo de Mariana Enriquez dice: "¿Qué tenía En octubre no hay milagros para causar tal revuelo? Por un lado, el registro hasta entonces muy raro en la literatura peruana, del habla y las costumbres de las clases populares. Por otro, y quizá aún más impactante, la aparición de personajes gays, de jóvenes que se prostituyen para solaz de los poderosos, de cuerpos esbeltos deseados en las calles de Lima. Esto ya aparecía en Los inocentes, la colección de cuentos sobre adolescentes que convirtió a Reynoso en escritor de iniciación y a su libro en talismán. “Ahoritita le saco la mierda a ese viejo que simula ver la vitrina cuando en realidad me come con los ojos. Está mira que te mira que te mira. Pensará: camisa roja y pichón en cama. Simulo no verlo. Su mirada quema. Seguramente estoy sonrojado. Eso le gusta: inocencia y pecado”, escribe en el primer cuento. El que habla es Cara de ángel, uno de los personajes más célebres de la literatura peruana. Los inocentes tuvo una reedición definitiva en 2006, vía la editorial independiente Estruendomudo, dirigida por el muy joven editor Alvaro Lasso, que dice en charla con Radarlibros: “Decidí reeditarlo porque las ediciones que había no hacían justicia al libro. Aunque todos sabíamos que era un clásico, las ediciones tenían problemas de erratas y diseños poco llamativos que no correspondían a la agresiva belleza del texto. Entonces decidí que era necesario preparar una edición bien cuidada, y ya que estaba en ello, con material adicional. Oswaldo aceptó gustoso nuestra propuesta, y fue tan generoso que nos abrió su cajón de los recuerdos cuando le hablamos del material extra, por eso contamos con tantas fotos personales y de juventud”.
Por su parte, Guillermo Giacosa, desde Perú 21 agrega: "Buenos Aires, celebra, en un magnífico artículo, la publicación de la primera novela de Oswaldo Reynoso en Argentina. Afirma en la nota que Reynoso “es el secreto mejor guardado de la literatura peruana”. La novela En octubre no hay milagros que leí con asombrado placer hace algunos años, recibe, en otro país latinoamericano, el reconocimiento que su calidad literaria y sociológica merece. En octubre no hay milagros fue una de esas grandes novelas urbanas que coincidieron con el proceso de redefinición simbólica de una nueva ciudad. Mario Vargas Llosa dijo, a pesar de la distancia ideológica que los separa, que la descripción de la sociedad que este hace, aunque se pueda discrepar en el diagnóstico, es contundente. “La novela de Reynoso no es pornografía ni es obscena” (Expreso, 1966). “Es un libro de una crudeza fría y áspera, como la realidad que la inspira, y tiene los altos méritos –raros, entre nosotros– de la insolencia y de la ambición.
Congratulaciones, Oswaldo.