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jueves, 17 de diciembre de 2009

II Premio C.P.L Novela Breve 2010

Quienes de una u otra manera están vinculados con el quehacer literario saben de la controversia que generan los concursos literarios. Por un lado - como imaginarán - están los que acusan de que estos ya están arreglados y que los premios se distribuyen solo entre quienes están dentro de una camarilla de amigos y recomendados. No se premia la calidad sino la astucia o suerte de pertenecer al círculo de los selectos. Por el otro, están quienes consideran que estos concursos buscan, más bien, mantener una puerta abierta que permite conocer a los verdaderos escritores pues, en principio, no se premia a la persona, sino a la obra.

Por ejemplo, a mediados de este año, en este blog, se armó una intensa discusión cuando Jorge Eduardo Benavides obtuvo el Premio de Novela del Banco Central de Reserva con su obra La paz de los vencidos. Acusaciones como que había una previa amistad entre el ganador y algunos miembros del jurado o, de otro lado, que estos concursos tendrían que limitarse solo a novatos y que no era justo que escritores profesionales participaran, se confrontaron con argumentos que sostenían que la escritura literaria, en sí misma, por fortuna, no limitaba a nadie por su condición. Mejor dicho, escriben todos los que quieran hacerlo. Por lo menos, así era en la mayoría de concursos (tampoco se podía poner la mano en el fuego por todos). El anonimato de los participantes y el conocimiento público de quiénes eran los miembros del jurado proponía, precisamente, valorar la calidad de la obra. Finalmente iba a ser el lector en general quien iba corroborar o no el buen juicio del jurado y la solidez del concurso.
En todo caso, en cuanto al premio de novela del BCR obtenido por Jorge Eduardo Benavides, mi posición es muy clara. Fue un reconocimiento justo. Frente a cualquier duda, solo hay que darse el tiempo de leer la mencionada novela.
Ahora bien, todo esto viene a cuento porque me llega la información oficial sobre la segunda convocatoria a concurso de novela organizado por la Cámara Peruana del Libro. Hay que recordar que Selenco Vega, con su novela Segunda Persona fue el ganador de la primera convocatoria.
Si acaso están libres de todo prejuicio y hay una novela en proyecto que palpita dentro de ustedes, pues aquí les dejo las bases de esta convocatoria.

II PREMIO CÁMARA PERUANA DEL LIBRO NOVELA BREVE 2010

La Cámara Peruana del Libro lanzó el Segundo Premio Cámara Peruana del Libro Novela Breve 2010. Esta iniciativa tiene el propósito de alentar la creatividad literaria de la población, fomentar la lectura del libro original y promover la oferta editorial.
Los interesados en participar de la convocatoria tienen hasta el 30 de abril del 2010 para presentar sus obras inéditas, con una extensión de 70 a 150 páginas. Los únicos requisitos para ser parte de este reto literario son: ser mayor de edad y tener la nacionalidad peruana.
El jurado calificador está conformado por Alonso Cueto, miembro de la Academia Peruana de la lengua, narrador ganador del Premio Herralde y finalista del Premio Planeta; Marco Martos, presidente de la Academia Peruana de la Lengua, poeta y catedrático de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos; Carmen Ollé, poeta, narradora actualmente la escritora peruana más renombrada a nivel internacional; así como un representante de la Cámara Peruana del Libro.
Dicha comisión elegirá a un solo ganador, quien se hará acreedor a un premio de 10 mil soles y a la publicación de la novela por parte de una de las editoriales asociadas a la CPL.
La premiación de la novela ganadora se realizará en la 15° Feria Internacional del Libro de Lima FIL-Lima 2010; mientras que la presentación del libro publicado se efectuará durante la 31° Feria del Libro Ricardo Palma.
Los trabajos participantes deberán presentarse en la sede de la Cámara Peruana del Libro (avenida Cuba Nº 427, Jesús María), en días laborables y horario de oficina. Las bases del II Premio Cámara Peruana del Libro Novela Breve 2010 pueden ser descargadas en la página web www.cpl.org.pe

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miércoles, 25 de noviembre de 2009

NOSTALGIA POR LOS LIBROS BEST SELLERS

Se dice que un libro es considerado un bestseller cuando consigue una gran aceptación entre un público general, y, por ende pasa a formar parte de las listas de los más vendidos. Aunque, de manera más restringida, la expresión también puede ser utilizada para señalar el valor académico o artístico de la obra. Lo cierto es que el término, generalmente, sirve para tildar a una obra como éxito de ventas más que señalar su rigor académico.
En general se acusa - con mala leche - que los best seller contemporáneos han llegado a serlo como consecuencia de una bien organizada promoción propagandística dirigida por las industrias editoriales que ha tenido en cuenta los gustos, exigencias de consumo y expectativas de un público de masas.
El escritor peruano Jorge Eduardo Benavides, desde su blog en Boomerang, escribe un artículo a propósito de este tema. Considero necesario rebotarlo desde esta zona.

NOSTALGIA POR LOS BEST SELLER

Jorge Eduardo Benavides

Supongo que a estas alturas muchos, muchísimos de ustedes, ya habrán leído al menos la primera de las novelas de Stieg Larsson, ese fenómeno editorial que se enseñorea en el horizonte literario mundial con una intensidad poco frecuente. Supongo, en todo caso, que ya habrán leído las miles de palabras que se han escrito al respecto en foros, chats, blogs y periódicos digitales y de papel, de manera que nadie creo que se haga ilusiones respecto a la novedad de mis opiniones sobre el particular. Pero como yo terminé de leer la primera novela de la saga Millenium recién ayer por la tarde, me quedó una sensación un poco nostálgica respecto a estas novelas tan sugestivas e intensas que son -o suelen ser-- los best sellers. Porque leyendo las peripecias de Mikael Blomqvist y Lisbeth Salander recordé mis lecturas de primerísima juventud, esas que son una transición entre el último Julio Verne y el primer Milan Kundera, por decirlo así.

Me refiero a esas novelas de espías y adustos burócratas del telón de acero, de valiosos microfilms y falsificadores cultísimos, de agentes secretos algo nihilistas y envenenamientos en la Europa Central que nos brindaban Frederick Forsyth, o John le Carré. Pero sobre todo recordaba las de Arthur Hayley e Irving Wallace, voluminosas novelas de tramas bien urdidas y complejas, de personajes más bien livianos que casi no entorpecían la acción y se limitaban a ser escritores que fumaban pipa, habitualmente altos y solitarios, inteligentes y un pelín desencantados, vamos, como salidos de una novelita del Cosmopolitan, pero que funcionaban a la perfección en un argumento bien urdido y estudiado hasta el mínimo detalle. Esas novelas de seiscientas páginas (hoy todo el mundo se asombra de que una novela tenga seiscientas páginas...) que uno devoraba principalmente en los veranos, pero también en cuanto arañaba unas horas a otras ocupaciones, eran ficciones que uno sentía honestas, que detrás de las tramas y peripecias había un escritor preocupado en contar lo mejor posible su historia, que se había pasado meses y meses investigando cómo funcionaba un hotel, un aeropuerto, el comité Nobel o la enrevesada jerarquía en la Casa Blanca, y entonces el lector veía alzarse ante sus ojos la minuciosa edificación de un universo si no complejo, al menos bien elaborado, y así nos dejábamos ganar por la historia.

Pero después no sé que pasó y aquellos viejos escritores de best sellers dieron paso a otros que más bien fueron un chasco, improvisados imitadores de tramas endebles y tópicos usados a granel, con personajes fascistoides e historias deslavazadas que se nos caían de las manos. Supongo que también ocurrió que muchos empezamos a apreciar en otras novelas la certidumbre de que el mundo no se dividía en buenos y malos, que las conjuras de los templarios eran inexistentes y que los rosacruces eran unos viejitos inofensivos, que el verdadero horror era algo más serio que asomaba en otros autores y que ahora disfrutábamos empecinados en tramas que exigían de nosotros algo más que el disfrute tibio de una lectura veraniega. Y por eso abandonamos los best sellers.

De allí, quizá, que leer a Larsson ha sido como volver a disfrutar de un placer olvidado y más bien juvenil, con héroes y villanos, con el bien triunfando sobre el mal, lo cual es un respiro. Y como brillaba un sol inusual en Madrid, el recuerdo de esas viejas lecturas ha sido más intenso. Larga vida a los buenos best sellers que no dan más que lo que ofrecen.

sábado, 14 de febrero de 2009

Jorge Eduardo Benavides ganador Novela Corta BCRP 2009


Porque jamás en asuntos de amistad, casi hermandad, seré poco generoso: ¡Felicitaciones, Coqui! Ayer me entero y recibo el correo de Jorge Eduardo, y no puedo más que estar más feliz por él, que desde España me cuenta que su alegría es grande. Leí su novela corta, escrita con maestría y talento, y muy pronto, previa coordinaciones les podré dar un adelanto o algunos datos más sobre ella. De nuevo: ¡Felicitaciones, Coqui!

BANCO CENTRAL DE RESERVA DEL PERÚ
NOTA INFORMATIVA
RESULTADOS DEL CONCURSO DE NOVELA CORTA 2009
CONVOCADO POR EL BANCO CENTRAL


El jurado calificador del concurso de Novela Corta 2009 “Julio Ramón Ribeyro” presidido por el doctor Luis Jaime Cisneros e integrado por los doctores Alonso Cueto, Mirko Lauer, Abelardo Oquendo, y Marcel Velázquez, acordó por mayoría premiar la novela “La paz de los vencidos” presentado bajo el seudónimo “Jerónimo de Azcoitía”. El ganador del concurso literario que anualmente convoca el Banco Central de Reserva del Perú, en esta oportunidad fue el señor Jorge Eduardo Benavides Medina.


Lima, 13 de febrero de 2009

domingo, 26 de octubre de 2008

Sigo escribiendo sobre el Perú

Se ha hablado mucho de ti como el escritor peruano joven más interesado en el tema político. ¿De dónde viene ese interés en tu narrativa?
Eso ocurre porque cuando empecé mi primera novela, "Los años inútiles," venía de la época terrible del primer gobierno de Alan García y era imposible escapar de ello. Era una época sumamente politizada. En España escribí desde esa sensación. Y esta novela llevó a la otra y mi interés en hacer una trilogía. El interés contemporáneo más lejano resultó ser el gobierno de Velasco. Pero la novela que vengo escribiendo ahora ya no es tan política.

¿Tienes todavía el interés de hacer una novela sobre Montesinos, tal como declaraste hace unos años? 
Lo que yo planteé más bien fue que me interesó incorporar a Montesinos como un personaje de mi novela "Un millón de soles", porque él fue asesor del general Montagne y eso me pareció muy interesante. En todo caso, la historia de Montesinos es muy difícil de novelar porque, como tantas cosas reales en el Perú, resulta difícil de creer. Pero por ahora no me provoca. No tengo un convencimiento emocional.

¿Tus temas no son una especie de ajuste de cuentas con el Perú frente a tu exilio voluntario?
Creo que sí. Una novela se parece más a una psicoterapia y desde ese punto de vista es un ajuste de cuentas. Siempre estás preguntándote por tu relación con el país. Yo vivo veinte años en España y, no obstante, sigo escribiendo sobre el Perú, pero no soy un fervoroso nacionalista. El Perú es una cosa a la que renunciamos cada quince minutos, pero en esa renuncia hay una esencia de la que no podemos escapar.

¿A qué escritores peruanos te sientes próximo? 
A mis amigos: Fernando Iwasaki, Iván Thays, Fernando Ampuero, Alonso Cueto, Gustavo Rodríguez, por una cuestión de inmediatez, los tengo más cerca. A otros estupendos escritores recién los estoy conociendo como Nieto Degregori. Pero la vinculación solo es una cosa de azar. No necesariamente quiero decir que sean los mejores. Mi vínculo es la amistad. No obstante, al congreso que organizamos en Madrid invité a andinos y a criollos, y a los que quieren pasar como de ambos grupos.

¿En España los ven a ti y a Iwasaki, por ejemplo, como una comunidad especial? 
Sí. Iwasaki dice que por mucho que vivamos allá vamos a ser siempre escritores hispanoamericanos, pero cuando llegamos al Perú somos los peruanos de fuera, no participamos de nada. Flotamos en una especie de limbo. Ahora, como en España hay un interés muy grande por la nueva escritura latinoamericana, echan mano a los escritores que tienen más cerca, y nos invitan mucho, a Santiago Roncagliolo, Iwasaki o a mí. Eso no nos hace necesariamente mejores, sino que les sale más barato invitarnos. Ahora, Fernando y Santiago me parecen dos estupendos escritores. Como son reconocidos allá Cueto y Bayly, al que he notado que aquí le mezquinan mucho.

¿A ti te gusta Bayly? 
Unas cosas sí y otras no. Es un tipo que ha escrito diez novelas, mucho más que un camión de otros escritores, y yo sé lo difícil que es eso, requiere de mucho tiempo. He leído "Los últimos días de La Prensa", "La noche es virgen" o esta última, "El canalla sentimental", que me parece destacable hasta donde he llegado a leer. Creo que le mezquinan su situación de escritor por su faceta en el espectáculo y la televisión.

¿Los círculos literarios españoles admiten a los escritores peruanos con facilidad? 
Estamos plenamente integrados. En España hay una actitud muy positiva. Cuando llegamos como que hay una mirada de respeto, muy sutil, pero de ninguna manera nos miran por sobre el hombro. Yo participo activamente de la vida cultural española y lo mismo le ocurre a Fernando. Bueno, también hemos ganado el derecho a piso.

¿También estás sometido a las influencias que sienten los escritores españoles? 
Nunca me lo había planteado así. Pero uno es su evolución, sus lecturas y yo con veinte años en España aún no he escrito nada de allí. Mi última novela transcurre en muchas ciudades: arranca en Damasco y termina en el Cusco, es quizá la primera novela europea que escribo, aunque con personajes peruanos, porque me resulta muy difícil inventar un personaje no peruano, imitando un acento que ni siquiera se me ha pegado oralmente. Pero no sé qué ocurrirá en el futuro. Me siento peruano y español, tengo mi novia y mis amigos allá, me han abierto las puertas y tengo la nacionalidad española. Pero eso no me quita un ápice de peruanidad.

¿Has tenido la tentación de regresar al Perú? 
Por el momento no. Me gusta mucho venir de vacaciones a ver a los amigos, pero Lima es una ciudad incómoda para mí, porque es muy grande y mal comunicada. Yo vivo en Madrid por la Plaza Mayor y a todo voy caminando. No he cogido un auto desde que salí de Tenerife y creo que ya no podría conducir. Aquí peor, sería la locura; me abruman mucho las distancias. Además allá tengo mi biblioteca cerca, mis cafés, muchas cosas.

Entrevista por Enrique Sánchez Hernani aparecida en El Dominical este domingo.