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domingo, 15 de marzo de 2009

Blanca Varela, In memoriam


Tal vez un homenaje sencillo como lo era Blnaca Varela es leer sus poemas. Gracias por tu poesía.


ESA FRÍA LUZ DE LA MEMORIA

Es fría la luz de la memoria 
lo apenas entrevisto brilla 
con insistencia 
gira buscando el casco de botella 
o el charco de lluvia 

tras cualquier puerta que se abre 
está la luna 
tan grande y plana 
tan fuera de lugar 
como si de un cuadro se tratara 
óleo sobre papel 
endurecido por el tiempo 

así cayeron en la mente 
formas y colores 
casualidades 
azar que anuda sombras 
vuelcos en la negra marmita 
donde a borbotones 
se cuecen gozo y espanto 

crece el yeso de un cielo 
mil veces lastimado 
mil veces blanqueado 
se borra el mundo y se vuelve 
a escribir 
hasta el último aliento 

sólo esto 
eternidad aparente 
mísera astilla de luz en 
la entraña 
del animal 
que apenas estuvo 

miércoles, 4 de marzo de 2009

Blanca Varela: Ese puerto existe

Hoy se cumple 50 años de la publicación del estupendo poemario de Blanca Varela Ese puerto existe. Es una gran oportunidad para volver a su poesía limpia en imágenes y sin más pretensiones retóricas que la palabra justa.

(Tomado de Perú.21) “Pero, Octavio, ese puerto existe”. Así nació el nombre del primer poemario de Blanca Varela. Octavio Paz, el gran poeta mexicano, no estaba de acuerdo con el nombre elegido por Varela (Puerto Supe) para su libro. Ante estos reparos, la poeta le respondió aquella frase. Paz, siempre genial, le dijo: “Allí tienes el nombre de tu libro”. Así halló título uno de los volúmenes de versos más importantes de nuestras letras: Ese puerto existe cumple, este año, cinco décadas de hondura poética.

Y, aunque el nombre no le haya gustado a Paz, la potencia del poema Puerto Supe, como bien señala Marco Martos en el ensayo que le dedica a Varela y a su obra en el último número de Libros & Artes, la excelente revista de la BNP, “llega intacta hasta nosotros. Varela es poeta de la tierra y, sobre todo, de las cavernas (...). Es una poeta que excava en sus entrañas y que establece un curioso contraste entre una dicción límpida y el sentimiento exacerbado de estar arrojada en el mundo”.

Varela, durante varios años esposa del pintor Fernando de Szyszlo, pertenece a nuestra mejor generación poética –la del 50–, a la que también están adscritos Romualdo, Delgado, Eielson, Sologuren, Salazar Bondy y el ‘sobreviviente’ Carlos Germán Belli. La obra de Blanca –breve y profunda– no desentona ante estos virtuosos de la palabra. Hoy, que está sumida en su mundo interior, nos quedan sus versos para conocer su valor. Debemos leerla.