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lunes, 21 de junio de 2010

Bloomsday (Recordando a Joyce)

Una de las lecturas más difíciles que he tenido ha sido - lo confieso - Ulises de James Joyce. Aún no estoy seguro de haberlo asimilado medianamente. Es más, creo que lo que haya aprovechado de esta novela se lo debo a los libros de consulta con los que me tuve que auxiliar. De algo si estoy seguro: es una monumental obra narrativa que definitivamente marca los pasos de la novela contemporánea.
Que pena, esta última afirmación también es un enunciado repetido por muchas otras voces. Sin embargo, me queda de otra, sino hacer eco de todo lo que ya está dicho sobre esta obra
Ulises
es una novela cuyo original en lengua inglesa consta de 267.000 palabras, con un vocabulario que sobrepasa las treinta mil palabras. Con 800 páginas divididas en 18 capítulos. Narra un día en la vida de Leopoldo Bloom en una suerte de esquema narrativo que toma como modelo La Odisea de Homero. Ese día narrado corresponde al 16 de junio de 1904, en Dublin, Irlanda. Tanto ha sido el impacto, literario y social, que desde 1954, cada 16 de junio, lo dublineses celebran el "Día de Bloom" con una serie de actividades que van, incluso, desde repetir el itinerario de Leopoldo Bloom hasta comer lo que el personaje comió.

Encuentro una nota de Giovanna Polarollo en Peru 21 que da cuenta de esta literaria tradición

Es una fiesta nacional, aunque Bloom no sea héroe de ninguna guerra o revolución. O sí, si queremos llamar 'héroe’ al protagonista del Ulises (1922) de James Joyce, que es considerada la 'primera novela moderna’. La fecha elegida no es casual: el Ulises narra, justamente, un día –el 16 de junio– en la vida de Leopold Bloom y describe minuciosamente las calles que transitó ese día.
Dicen que Joyce solía decir que si algún día una catástrofe borrara Dublín de la faz de la tierra, bastaría leer su novela para reconstruirla en su totalidad tal y como era cuando se publicó en 1922.
Según dan cuenta los periodistas que han reportado la fiesta del pasado miércoles, este año hubo más asistentes que el pasado. Cada vez, comentan, no solo son miles los dublineses que salen a las calles para volver a hacer el recorrido de Bloom; también llegan muchos turistas dispuestos a rendir homenaje al gran escritor del siglo XX.
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sábado, 17 de octubre de 2009

Herta Müller estuvo en Perú

La imagen pareciera no corresponder con el siguiente post pues, en la nota, Giovana Pollarolo da cuenta de la visita que Herta Müller, flamante ganadora del Nobel de Literatura, hizo a Perú hace algunos años.
Lo que sucede es que mientras la poetisa y columnista de Perú 21 hace memoria de su encuentro con la escritora alemana menciona, nada menos, que al entrañable doctor Jorge Cornejo Polar. Hombre trascendente de la cultura peruana que nos dejó hace años, pero cuyo recuerdo permanece nítido en la memoria de quienes tuvimos el privelegio de conocerlo. Doy fe de que el doctor Cornejo, con una sencillez y simpatía muy propias en él, fue en su tiempo un incansable promotor de la cultura peruana. Por supuesto que, principalmente, de la literatura. Hombre de enorme cultura, de ánimo bondadoso y totalmente asequible. Que yo sepa no hay quien diga que Jorge Cornejo no se dio tiempo para hablar con quien haya querido hablar con él. Lamenté mucho haberme enterado tarde de su fallecimiento. Lamento, igualmente, que su incansable labor todavía no tenga la merecida tribuna que debería tener en la memoria colectiva de la cultura peruana.
Cuando la semana pasada se anunció que la ganadora del Nobel de Literatura era Herta Müller, de inmediato recordé a don Jorge Cornejo Polar. Es que, en el año 98 –¿o fue tal vez el 99?–, ella estuvo en Lima. Y nadie le hizo caso. Fue invitada por don Jorge, gran organizador de congresos de escritores que, por entonces, auspiciaba la Universidad de Lima. En esa ocasión había organizado un encuentro de escritoras al que asistieron narradoras y poetas, a contracorriente de quienes consideraban que tal evento protegía, injustamente, a malas escritoras que se amparaban en un feminismo “políticamente correcto”. Yo recuerdo muy bien a Herta Müller porque el Instituto Goethe, que tal vez auspiciaba el encuentro, me hizo llegar un ejemplar de una de sus novelas editadas en español: me quedé fascinada y absolutamente sorprendida ante una escritura tan minimal, seca y contenida. Tan absolutamente honesta. Se ha dicho que Müller era una escritora desconocida, lo cual es cierto a medias. Cuando vino a Lima, ya gozaba de reconocimiento literario en Alemania: en 1988 había ganado el International Impact Dublin Literary Award, que se da cada año a la mejor novela publicada en ese idioma, ya sea original o traducida, y hay quienes dicen que ese premio suele ser una 'antesala’ para el Nobel. Lo que la hace desconocida es la mala distribución de sus novelas. Solo cuatro, frente a las 19 que ha publicado, han sido traducidas al español. Los editores españoles dicen que a fin de mes pondrán sus novelas en las librerías. Esto es lo bueno del Nobel: anima a la difusión de la obra del ganador. Pero don Jorge no necesitó del Nobel para invitarla al Congreso ni temió pecar de 'feminista’.
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