martes, 31 de julio de 2007


SE ACABÓ LA FERIA DEL LIBRO


Se acabó pues la Feria Internacional del Libro de Lima 2007. No pude estar todos los días ni pude encontrarme con todos los amigos que hubiera querido y menos pude comprar todos los libros que había planeado. Para la próxima será, solo es cuestión de ahorrar un poquito por aquí y otro poco por allá. Pero la cosa mejora cada vez más. Según las cifras que ya anuncian el balance positivo de esta FIL se habla de más de 200 mil visitantes hasta el día domingo 29, día la clausura.

De todas maneras se viene la Feria del Libro de Miraflores y haber si alguien termina su libro de cuentos que ya parece cuento. De otro lado, estas primeras cifras anuncian que los libros más comprados fueron la última aventura de Harry Potter y "Radio Ciudad Perdida", de Daniel Alarcón. De la primera no hay mucho que agregar, sin piconería y sin quitarle los méritos de la novela, mucho del éxito de ventas radica en la avasalladora maquinaria marquetera que ha acompañado a la suertuda de la Rowling. Lo que si merece destacar es el buen recibimiento en ventas de la novela del peruano Daniel Alarcón. La traducción al español de la primera novela Alarcón, que reside y publica con suceso en Estados Unidos, y que se ha convertido en el segundo libro más exitoso de la feria.
"Radio Ciudad Perdida" novela sobre un programa radial que busca personas perdidas y desaparecidas en los años de violencia interna en el Perú, tema que el escritor ya abordó en su anterior libro de cuentos "Guerra a la luz de las velas".

No han sido los únicos libros de buena acogida. También es de destacar "El susurro de a mujer ballena" del escritor peruano Alonso Cueto quien con el argentino Pablo Santis "El enigma de París" llamaron la atención por ser ganador el segundo y finalista el peruano del concurso de novela Premio Iberoamericano Planeta-Casa de América de Narrativa, con una dotación de 200.000 dólares para el ganador y 50.000 dólares para Alonso Cueto. No que nos guste hablar de dinero, pero como estamos con la viada de la cifras me fui de largo.

Para matizar la cosa y que no se note tanto la camiseta peruana, también buena recepción "El conquistador", del argentino Federico Andahazi, y "La puta de Babilonia", del colombiano-mexicano, descortez y creído Fernando Vallejo, quien desairó a los organizadores de la feria al cancelar su visita en el último minuto. "Una verdad incómoda", del ex vicepresidente norteamericano Al Gore, y la edición de homenaje de "Cien años de soledad", de Gabriel García Márquez también estuvieron entre los más pedidos.



INGMAR BERGMAN DESCANSE EN PAZ

Ingmar Bergman ha muerto y todo lo que se diga serán palabras, pero ninguna logrará expresar la pena de su partida porque, simplemente, a Bergman se le entiende mejor en imágenes. En las imágenes de ese cine que él replanteó para hacerla deliberadamente lenta, mesurada de tal manera que haya el tiempo suficiente para la reflexión. Ese cine intimista del que el espectador no podía un soltarse sino muchas horas después.
El cineasta sueco considerado como uno de los directores de cine clave de la segunda mitad del siglo XX falleció ayer 30 de julio en la isla de Faro a la que se había retirado. Tenía 89 años. Que descanse en paz el hombre que alcanzó en el cine la manera artística para expresar su complejo mundo interior y de paso enredarnos en él y hacernos descubrir nuestros propios rezagos y obsesiones. Se sabe que primero experimentó en el teatro, aunque de eso poco sé. Es el cine suyo el que nos hizo conocerlo, discutirlo, apreciarlo y ahora despedirlo.
Supongo que será motivo para que los que no han visto las obras de Bergman se acerquen a su trabajo, y los que ya estuvimos perdiendo la memoria aprovechemos para reencontrarnos con sus películas. Aprovechar para recordar la osadía de este director que podía marcar a los actores hasta llevarlos a la elaboración de personajes cuya clave se delataba en apenas una mirada. Amen de limpieza de las imágenes que tranquilamente luego se denominaría la estética visual bergmaniana.
Es recurrente el hecho de que en la mayor parte de la filmografía del realizador sueco, sus personajes son atravesados por los mismos caminos en que se internan. Se trata de trayectorias que los reconducen hacia sí mismos, hacia su propia alma, hacia su propia conciencia. Son recorridos íntimos, enigmáticos, que muchas veces se apoderan del espectador transportándolo a una experiencia estrictamente personal e inquietante, en la medida en que los personajes bergmanianos realizan aquella trayectoria sobrecargada por un denso dramatismo, aquél que implica desnudar el alma humana en forma genérica.
Aquella trayectoria termina en algunos casos en la locura o en la muerte, en otros en un estado de gracia, un momento metafísico que permite a sus personajes comprender más de su realidad, una revelación que los iluminará y modificará el curso de sus vidas. En algunos casos les servirá para exorcizar, conjurar y dominar los fantasmas que perturban el alma del personaje
. (Wikepedia)

Aquí solo algunas de sus películas Tormentos 1945, Llueve sobre nuestro amor 1946, Mujer sin rostro 1947, Divorcio 1950, Una lección de amor 1954 , Fresa salvaje 1957 , El ojo del diablo 1960, La carcoma 1971, Secretos de Matrimonio 1974, Fanny y Alexander 1982, Zarabanda en 2003
A propósito, y como esas cosas propias de la ficción, la investigadora de cine Carla Levi había programado la pelicula de Bergman Fresas Salvajes como parte del ciclo de estudio sobre cine en las instalaciones de Petroperú. Una llamada suya entre confusa y triste fue la que me dio la noticia sobre la muerte del Director. Fue como en el cine de Bergman, apenas una imagen sencilla que decía muchas cosas sobre la pena de despedirse de un genio y luego fin.

Escenas de Fresas Salvajes, una de las tantas películas del maestro que, de paso, se presentará en el ciclo de cine que organiza Petroperú con los comentarios de Carla Levy.



Alguien ronda por aquí usando mi nombre para decir bobadas

A PROPÓSITO DE
LAS "NOTAS DE LA CIUDAD"


Desde hace algún tiempo coloco entre comentario, noticia o crítica unas historias que denomino "Notas de la Ciudad". Este tipo de trabajo lo comencé hace mucho tiempo cuando el director de un desaparecido periódico me señaló la tarea de salir a la calle y traer una historia que tuviera como característica una anécdota original de esas que pueden suceder en cualquier momento en alguna esquina de esta inesperada ciudad. Luego tenía que dramatizarla como si fuera un relato, pero en un estilo sumamente directo sin tantos afanes literarios. La propuesta no era original en la composición de los diarios de Lima. Aunque en este caso, el director me contó que la había asimilado de una columna que aparecía por aquellos años en un periódico de Buenos Aires en donde - se supone - el redactor tenía cerca una ventana desde donde se podía ver una gran parte de la ciudad y, desde allí, fabulaba historias comunes de los traseúntes. Para mí la cosa no iba a ser con ventana sino con caminata por las calles y con la orden tajante de que no me atreviera a volver sin historia.

El ejercicio resultó aleccionador para mí. De ser un trabajo que yo hacía por un pequeño sueldo y por el afán de laborar para un periódico, se fue convirtiendo en una rutina que me permitía descubrir lo que a veces no se percibe. Cada quien va por allí abrumado con sus problemas y con tan pocas ganas de fijarse en los demás. Cuando se cerró el periódico, yo ya había absorbido la lección y se me había quedado el hábito de estar atento a las cosas de la calle.

Ahora bien hago toda esta introducción para aclarar, a quienes me preguntan sobre la veracidad de las historias, que simplemente son historias y punto. Narraciones en donde el gran reto es la verosimilitud (que es una ley narrativa primaria), pero que no es buena costumbre buscarles un referente fiel con la realidad. Es una afirmación harto conocida que la literatura es la verdad de las mentiras o las mentiras con aires de verdad. Y nada más. Un relato se disfruta, un relato te confunde momentáneamente, te arrastra por los confines de su dimensión, pero allí acaba todo. Este párrafo va para quienes me han enviado correos o comentarios al post anterior confundiendo la realidad con la ficción.

Este otro va para el "pendejerete" que ha usado - no sé si intencionalmente - mi nombre para soltar un pueril e insufrible comentario con relación a una pregunta inocentona de una lectora. Que cada quien diga lo que piensa va bien, pero sin usar nombres ajenos.

Por lo demás, gracias por leer mis post y mis historias. Estas cosas de la globalización y la tecnología tienen su lado positivo, al menos en esto de acercarse literariamente más con quienes gustan leer o fabular historias.

jueves, 26 de julio de 2007

NOTAS DE LA CIUDAD


Vistos así, tomados del brazo, con alguno que otro beso – casi como un piquito - de amor en el camino, nada habría de singular en ellos, más allá de la belleza hindú de la mujer y de las maneras de enamorados exacerbados.

LA EDAD DE LA INOCENCIA



Mengano definitivamente tenía por lo menos cincuenta años. Aunque se notaba que había llegado a esa edad con el suficiente cuidado como para no parecer apabullado por la certeza cercana de la vejez. Vestido de tal manera que parecía sobrio, pero sin perder el toque de elegancia informal: sacón de paño azul, camisa blanca sin cuello de corbata y una bufanda de seda llevada como quien no quiera la cosa. Junto a él, estaba la bella mujer: cabellera oscura, lacia y coquetamente corta; los ojos inmensos y oscuros, el rostro delicado y bello. Bajita, quebradiza, seductora. Un fino piersing, casi como una gota lluvia color plateado, brillaba en un costado de su fina nariz. Ambos caminaban por la vereda central de la avenida Pardo, esa que está flanqueada por árboles añosos y en cuyas veredas se han colocado bancas vigiladas por faroles de luz amarilla, como para que los enamorados puedan hablar de sus cosas. Todo mientras los automóviles hacia ambos lados iban de ida y vuelta entre bocinazos. Vistos así, tomados del brazo, con alguno que otro beso – casi como un piquito - de amor en el camino, nada habría de singular en ellos, más allá de la belleza hindú de la mujer y de las maneras de enamorados exacerbados.
Nada más, salvo el detalle de los años. La bella mujer no parecía tener más edad que la de una adolescente y por eso era que las miradas de quienes se cruzaban con ellos eran descaradamente entrometidas. Algunos solo miraban sobreparándose levemente; pero otros giraban el rostro cuando ya los habían pasado para después sonreír e intercambiar con sus acompañantes algunas frases, aparentemente burlonas. Incluso, desde las veredas laterales, llegaba de tanto en tanto una frase burlona o por lo menos un silbido.


Ellos parecían haber sobrepasado el nivel de las miradas y las burlas porque seguían caminando absortos en sus cosas, aquilatando la caminata a esa hora del crepúsculo: esa hora precisa cuando las luces de neón ya despertaban en las fachadas de los edificios comerciales y el cielo se iba oscureciendo paulatina y agradablemente. Por supuesto que el viento agitaba las copas de los árboles como en cualquier escenografía romántica.

Sin embargo, al parecer, no estuvieron preparados para la aparición de aquella mujer, de edad madura que los detuvo en seco para reclamarles con la autoridad que al parecer le daba el rango de tía de la bella adolescente. Al menos, eso sí que se entendió del primer intercambio de gritos, por un lado, y de voces conciliatorias, por el otro, que crepitaron en el primer round. Mengano retiró la mano de los hombros de la bella, en tanto, la bella miraba pálida y sorprendida a la mujer que los habían intervenido. “Esto se termina ahora”, repitió varias veces la tía como para que no quede ninguna duda en nadie “No podía ser, no podía ser”. El hombre no atinaba a decir cosa alguna. Solo la bella que hablaba algo del amor lograba intercalar alguna frase en medio de la catarata de prohibiciones con la que los ahogaba la tía. Para ese momento, algunos curiosos ya habíamos perdido la cautela y las buenas costumbres de no escuchar problemas ajenos y simplemente espectábamos el asunto con toda la frescura posible. Logramos entender que la bella tenía padres vivos y parientes estratégicamente distribuidos por Miraflores. Supimos que el hombre había conocido a la bella en algunas clases de teatro (o sea que actorcito el tío, pensamos muchos, bohemio y pendejito, consumidor de viagra y roba cunas). Entendimos que la bella tenía el DNI recién hacía algunos días y que incluso el padre era algo más joven que aquel hombre que ahora parecía abochornado. “Esto se acaba ahora o lo arreglamos en lo judicial” arengó finalmente la tía con un aire de amenaza contundente en sus palabras, con la seguridad de quien se conoce de tú a tú con alguien poderoso. Una lluvia – menuda y ridícula, como siempre – comenzó a caer y cosquillaba en los rostros pues el viento seguía corriendo imperturbable.

Cuando ya todo parecía dicho y la tía estiraba el brazo para coger la delicada mano de la bella, en una escena a la que solo le faltaba un fondo de película india, (porque eso sí, a la bella solo le faltaba un poco de escenografía para enmarcar su hermosura oriental) algo iba a cambiar el rumbo de esa historia. Repentinamente, la joven lanzó la noticia que nos paralizó a todos, que ya éramos partícipes de aquel guión de telenovela. La noticia que no solo dejó petrificada a la tía, sino que mejor aun, desacomodó casi hasta el desmayo al hombre que hasta allí no había dicho esta boca es mía. Porque, ciertamente, que alguien te avise, así, de repentino, que estaba embarazada y que lo iba a tener y que nada ya los iba separar, te deja como mínimo, estupefacto.
Todos nos miramos con la misma sorpresa: anonadados. La tía bajó la mano. La bella cogió el brazo del hombre y lo colocó sobre sus hombros. La bufanda del enamorado ahora no lucía con prestancia, sino algo confusa. Seguramente la historia iba a tener más capítulos en donde ya no íbamos a estar.
Por ahora, la cosa terminaba con la bella alejándose con su veterano amor; la tía retirándose aturdida por el impacto; con nosotros abriéndonos a nuestros caminos con una sonrisa socarrona. Lo cierto que cuando vimos a la pareja regresar sobre sus pasos por la ya casi oscura alameda de la av. Pardo, el hombre parecía casi un anciano de pasos cansados.

martes, 24 de julio de 2007



PARÍS EN LA VIDA DE LOS ESCRITORES

Cuando la literatura pasó de ser una curiosidad en la pubertad a una forma de intensa de querer vivir, París apareció por primera vez en mis fantasías literarias. Arrastrado por ese afán de querer saberlo todo acerca de los escritores que había leído, iba comprobando, una y otra vez, que todo aquel que quería hacer literatura en serio tenía que vivir por una temporada muy larga en París. Es más, había que tener una vida difícil, pasar hambre, vivir heroicamente en alguna húmeda buardilla parisina y escribir entre copa y copa. En aquel tiempo, pensé que ésa era la única manera de pensar en literatura en serio. Sin embargo, el tiempo se va encargando de reacomodar nuestros proyectos y la realidad también nos va reacomodando, a veces a patadas, pero al final como que entiendes que igual vas a seguir escribiendo.

Me pregunto a menudo si París sigue siendo una fiesta, - dice el escritor Jorge Edward en medio de varias confesiones de escritores en El Dominical de El Comercio - como lo fue para Ernest Hemingway después de la Primera Guerra Mundial, como lo fue, quizás por aquellos mismos años, para Pilar Yañez, Vicentre Huidobro... Había noches de fiestas, de electricidad atmosférica, de conversación reveladora, en la Coupole de aquellos años... en Dóme, en Old Navy... Había fiestas en los suburbios, en carpas improvisadas, en talleres rodeaban la ciudad.

Después hubo un tiempo en que apareció España como el lugar adonde había que emigrar porque el Perú de fines de los 80 ya nos ahogaba en su dolor y ya nos castraba la imaginación pues la alucinación de la muerte y el temor eran más intensos. Y allá partieron algunos amigos, uno de los más entrañables partió en un amanecer de esos húmedos y tristes de Lima. Yo me quedé con la promesa de no dejarme doblegar por la rutina de la sobrevivencia, pero fueron palabras que se quedaron adormiladas en alguna hoja amarillenta. Luego llegó el Perú de los noventa que se zarandeaba dramáticamente entre la violencia y la ceguera moral. Pero París seguía siendo la foto que uno tenía enmarcada en la memoria porque de allá llegaban, vez que podía, alguno que otro escritor con aquello de que París era mucho París a pesar de que no siempre era todo lo que habían esperado.

Conservo de París - dice García Márquez - una imagen fugaz que compensa todas mis hambres viejas, y toda las groserías y mezquindades de los franceses. Había sido una noche muy larga, pues no tuve dónde dormir, y me la pasé cabeceando en los escaños, calentándome en el vapor providencial de las parrillas del metro, eludiendo los policías que me cargaban a golpes porque me confundían con un argelino. De pronto, al amanecer, tuve la impresión de que todo rastro de vida había terminado, se acabó el olor de coliflores hervidas, el Sena se detuvo, y yo era el único ser viviente entre la nebla luminosa de un martes de otoño en una ciudad desocupada

Luego París reapareció en mi vida en las palabras de amor de una novia que soñaba con Francia, que despertaba en París, que hacía el amor en Burdeos y que había encubierto su insípida vida con la ilusión de un vida mejor en París o en cualquier otro sitio que no sea esta Lima que la había maltratado tanto. Le prometí que la llevaría a la misma Torre Eiffel, y por poco empeño el alma y algo más; pero ya lo dijo por allí algún sabio popular, en ritmo de salsa latina: todo tiene su final y nada dura para siempre. Pero allí estaba, la Ciudad Luz, a la que un día quise llegar por solo unas horas para sólo caminar, por un ratito, por los campos Elíseos. Y es que andaba tan ebrio en Madrid que le propuse esa aventura a un apreciado amigo, quien en lugar de ayudarme a tomar el tren para París, me dio un par de copas más para domir en Madrid. Pero de París siempre habrá algo que contar.

Ese mes hice en París una vida que no tendría nada que ver con la que llevaría los casi siete años que pasé luego en Francia, en los que estuve casi siempre confinado en el mundo de la rive gauche... Años después, ya viviendo en Francia, tuve una noche una larga conversación sobre París con Julio Cortázar, que amaba también esa ciudad, y que declaró alguna vez que la había elegido "porque no ser nadie en una ciudad que lo era todo era mil veces preferible a lo contrario"... El también sentía que París había dado a su vida algo profundo e impagable, una percepción de lo mejor de la experiencia humana, cierto sentido tangible de belleza.

No tengo una clara idea de qué sucederá en el tiempo que aún me queda. Más allá de los planes con los que uno organiza su vida. Generalmente se cumplen, aun a pesar de la circunstancia, mal fraseando a Ortega y Gasset, claro. Y aunque París ya no es necesariamente el paraíso que idealizaron los que no estuvieron en ese tiempo, Bogart me ayuda a terminar con esa frase inovidable en Casablanca: "Después de todo, siempre está París".



AHORA SE VIENE
EL CINE

En verdad, que tenemos problemas de todo tipo y , para variar, pareciera que nuestro país siempre está al borde de una crisis y es blanco constante de una lista inagotable de críticas, así como deudor de una serie de cosas que se tendría que hacer inmediatamente para de una vez "despegar".
Sin embargo, algo es algo, y las actividades culturales se van sucediendo una tras otra. Desde las pequeñas muestras de teatro, a la casi rutinaria presentación de libros buenos, regulares o malos (eso ya es cuestión posterior), pasando por encuentros musicales de distinto género y que demuestran un proceso de aprendizaje y corrección artística constante.
Escribo esto porque después del Feria Internacional del Libro de Lima - que ha convocado a buena cantidad de escritores y editoriales de suficiente presencia en el circuito mundial - ahora está en la puertas, esperando el mes de agosto, el 11 Encuentro Latinoamericano de Cine de Lima que también promete varios días de agradable reencuentro con el sugestivo mundo del cine y, mejor aun, con la propuestas del cine latino, más invitados.
Este acontecimiento de cada agosto limeño - dice en el diario del festival Vertigo - ,ha ido en crecimiento contínuo y ya es una referencia en la agenda cultural internacional y es justo que, partir de la presente edición, lleve el nombre con el que se le conoce en mundo del cine EL FESTIVAL DE LIMA, 11 Encuentro Latinoamericano de Cine, que llega esta vez con una extraordinaria programación que incluye más de cien largometrajes, en su mayoría de estreno absoluto en nuestro medio; tres secciones oficiales de competencia que suman 52 filmes; cuatro celebridades homenajeadas y dos homenajes póstumos; muestras de paralelas y más de medio centenar de invitados de primera. En simultáneo habrá seminarios, presentaciones de libros y revistas exposiciones y charlas magistrales. Y por primera vez se realizará un Concurso de Cortometrajes Nacionales a cargo de la Filmoteca de PUCP.
La movida no sólo va a ser en el Centro Cultural de la Católica sino en una lista de cines del circuito comercial. Claro que la cosa - aunque no toda actividad - va a costar lo que cuesta una entrada de cine y va a ser frustrante no poder todas las que uno quisiera, pero al menos se intentará ver alguna. Si alguien requiere mayor información, e imagino que sí, vaya a www.festivaldelima.com
Por mi parte, el cine es tiene siempre ese encanto de encerrarte en un espacio desde donde la ficción parece ser tan posible como con las palabras. Nos vemos en el Festival.

lunes, 23 de julio de 2007


RADIO CIUDAD PERDIDA
Nueva novela de Daniel Alarcón se presentó en la FIL 2007



Daniel Alarcón es uno de los narradores peruanos jóvenes que ha logrado ganarse un merecido espacio entre los lectores norteamericanos en lengua inglesa. No es poca cosa. Daniel llegó a Estados Unidos ya adolescente y luego de alcanzar un dominio adecuado de esa lengua, más una exploración de sus intensas experiencias vividas en una Lima agravada por la violencia terrorista (a parte de la suma de males que parecían ser la constante de nuestro país), este escritor ha logrado delinear una propuesta narrativa renovadora que ha interesado a un público que lee en una lengua diferente y que vive realidad diferente.
Él está en Lima por estos días y presentó en la Feria Internacional de Libro su reciente novela Radio Ciudad Perdida, obra que recrea los años de violencia terrorista que vivió el país durante los ochenta.
En una entrevista, que recojó de El Comercio, Alarcón se refiere al proceso de creación de la novela y cómo el tema de la violencia tocó a su familia, a pesar de haber emigrado a los EE.UU.
Nosotros nos fuimos en el año 80 - dice Alarcón - cuando el Perú pasaba por un momento optimista: empezaba el segundo gobierno de Belaunde, se vivía un regreso a la democracia. Sinceramente, no creo que los peruanos podían imaginar lo que vino después. Pero en los viajes que hacíamos anualmente para visitar a la familia ya podíamos ver que la situación se ponía cada vez más cruda. Yo incluso llegué a estudiar aquí, en un colegio, jugando fútbol en mi uniforme gris.
Para Daniel Alarcón, el impacto de esos cambios fueron modelando su modo de entender a Lima
Bueno, me encantaba estar aquí. Además, cuando uno tiene 8, 9 o 10 años, en verdad no entiende nada. Si había un apagón, era puro chongo para mí. Era como ir de vacaciones de verano, como salir de campamento. Yo era muy joven y no tenía las herramientas necesarias para entender lo que pasaba. Pasaron varios años para que pudiera recapacitar pensar y analizar lo que viví, lo que sucedió acá. Pero eso ya fue producto de estudio y de análisis.
Con relación a la violencia que ya alcanzó a ver en las visitas que hacía a Perú,dice: Lo que pasa es que en 1989 la guerra tocó personalmente a mi familia. Entonces, tratar de entender qué era lo que había sucedido se convirtió en una obsesión familiar. No pudimos ignorar más lo que estaba sucediendo en el país. Al final, me tocó a mí ser el encargado de investigar. Me ayudó mucho ser extranjero, porque todos asumen que tú no sabes nada y te cuentan cosas que no le contarían a un peruano, y no hay roche en formular la pregunta obvia.

NOTA POÉTICA



ALGO DE POESÍA


Quien escribe en este blog es, básicamente, un narrador. Como todo todo arte la narración tiene sus propios problemas, y, como todo trabajo que usa la palabra como instrumento, la narración tiene sus retos con relación a la palabra misma. Para un narrador, la palabra es un instrumento con el que materializa sus fantasías, un medio con el que puede exorcizar temores o dar vida a ilusiones. ¿Y esto a cuento de qué viene? Que la poesía es un asunto diferente en donde - creo - la esencia de la palabra es el centro mismo de la búsqueda de un poeta.
¿Y todo esto, a propósito de qué va? Que me ha llegado, a través de la vía virtual, un bloque de poemas de Moshenga Cabanillas Pérez a quien recién conozco virtualmente. He leído sus poemas con curioisidad primero, y luego con cauto deleite. No voy a atreverme a dar un veredicto porque no creo que esa sea la manera de apreciar un poema. El asunto es que cada quien se enfrente a él y busque, en principio, su propia sensación. Lo que voy a hacer es compartir con ustedes un poema del bloque que me llegó. De paso un saludo para este poeta que tuvo a bien enviarme sus poemas y de paso anotar su blog haciendo click aquí porque, después de todo, la blogósfera tiene para los escritores esa intención, la de conocernos.
Sin Palabras
He reposado el sollozo de mí recién nacida en mis brazos
Hice de su sueño indefenso mi calor
A tu olvido arrancando soledades,
Deteniendo la absurda imagén del ayer.
La noche intranquila mece la cuna
Yo me acomodo al lado de ellaPara brindarle mi calor
Y hago de tu sonrisa
Una promesa de ensueño
Como antes amorDándole un beso en la frentePara que algún día escuche tu voz
Ella,...
Nuestra niña
En su idioma
Consulta extrañando
Con su mirada irradiante a través del cristal
Busca tu silbo colosal a medio día, a media noche
Te busca por las calles que nos quieren devorar
Pero su vista no alcanza tocar tu sombra gigantescaHe contado las horas y también las penas
Los escasos segundos de tu ausencia
Ella aprieta mi cuello e inclinándose con sus vértebras pequeñas
Voltea a mi oído susurrándome un lamento
Espera la noche siguiente
Para que tal vez llegues pronto, sobrio, amoroso y tierno
Y apretar con sus dedos diminutos tu corazón
Y así devolverte pronto el amor.
Yo y ella, hemos llorado tantoHemos llorado juntos
Ella consolándome por tu adiós
Yo protegiéndole hasta que vea tus ojos de sol.
Ella desea volar en tus brazos
Elevarse encima de tu frente
Danzando en el aire perfumado
Y ser tu ángel que te guarda.
Vuelve prontoCruzando cerros
Cruzando mares
Vuelve pronto
Sin mirar atrás
Porque aquí te queremos...
Te Amamos los dos.

viernes, 20 de julio de 2007



SIGUE EL CARGAMONTON
EL PECADO DE ALFREDO BRYCE

¿Cuánto de resentimiento había en contra de Alfredo Bryce Echenique? ¿Era tan pérfido, desleal, sobrado, "envarado" que fue acumulando un sentimiento de venganza intenso en los afectados? Digo, sólo así se puede entender que se siga machacando el asunto de sus plagios y que incluso se haya encargado una labor de investigación minuciosa para recomprobar lo que ya está probado y lo que nadie niega: Alfredo Bryce pecó y eso ya quedó claro, clarísimo. Si de castigo se trata, creo que ya quedó - también clarísimo - que no habrá periódico o revista que le permita tribuna de comentarista. Si el asunto va por la sanción histórica, no hay problema, la página que más llama la atención de quienes buscan la biografía de los escritores es la de los chismes y los escándalos. Por lo menos, la última muestra de esta carnicería aparece en el diario Perú 21. Sería, si no fallan las cuentas, la acusación numero 28
Ahora bien, el cargamontón ahora como que se desplaza a la desacareditación de Alfredo Bryce narrador (y en esto sí que hay ojeriza o amarillismo periodístico o las dos cosas) de tal manera que se desliza la idea de que quien plagia, pierde categoría moral para ser considerado buen escritor de novelas y cuentos.
Pase mágico con varita mezquina que espera que de tanto agitarla sobre el sombrero termine convenciendo al mundo de que Alfredo Bryce era una estafa desde la "a" hasta la "z".
Todo aquel que haya leído sus obras entenderá que su planteamiento ficcional - con todas las discrepancias y reiteraciones que se le pueda encontrar - tiene un espacio definitivo y bien ganado en el desarrollo de la narrativa contemporánea.
Gustavo Faverón en su blog puente aéreo expresa, como muchos, su preocupación por el asunto y hasta su franco hartazgo, como la mayoría... Fernando Vivas - escribe - ha lanzado la bombita apestosa de la acusación de plagio número 28 contra Alfredo Bryce y, apurado por Dios sabe qué prisa, lo ha hecho antes de confirmar la precisión del dato que él llama "dato preciso..."
Mientras que Ivan Thays, desde su Notas Moleskine - por mencionar a dos escritores y criticos de inagotable movimiento en la blogósfera -escribe: "...Lapidar a Bryce, acusarlo de inmoral o exigir violentamente que pida disculpas, sólo puede tener un efecto benéfico para quienes creen que sus libros mediocres serán menos mediocres, que sus inmoralidades serán menos inmorales y que sus críticas contra Alfredo (guiadas por la envidia que provoca su éxito) estarán justificadas y serán menos envidiosas. No es así. Lo que nos molesta de un plagio es el recurso fácil de apropiarse del talento de otro para ocultar la carencia del propio. ¿Eso ocurre en este caso? ¿Necesitaba Bryce plagiar un artículo, como un alumno necesita copiar un examen para aprobarlo o un universitario compra una monografía para estafar a su profesor en un tema que no conoce?..."
Una cosa es poner luz sobre una lamentable verdad, denunciar un error imperdonable, y otra, dejar en evidencia una bronca que desata la pasiones más subalternas.


Y NO VINO VALLEJO


Que porque hubo un atraso en el vuelo que lo iba a traer a Lima y además porque, probablemente, el hombre tiene el genio atravesado; amén de una evidente muestra de desconsideración por quienes lo invitaron. Fernando Vallejo sencillamente decidió irse a casa y dejar abochornados a los organizadores de la Feria Internacional del Libro de Lima y plantados a quienes con mucha amistad (ahora en picada) querían verlo y compartir con él algo de su literatura.
Para quienes saben de vuelos y de invitaciones a eventos internacionales, el asunto de los atrasos y de las complicaciones es cosa casi común y no siempre tienen culpa los organizadores. Como que el desperfecto de un avión o la falla de un trámite aéreo escapa de sus manos. En fin. El asunto es que no existen cuentos de por medio. El hombre se maneja con aires de divo y habría - supuestamente - que entender sus remilgos. ¡Qué pena! Pero por aquí la Feria arrancó ya y las actividades están de lujo.
Sin quitarle los méritos narrativos, que ciertamente los tiene, habría que decirle que no lo vamos a extrañar.